19 de diciembre de 2012

En los ojos tengo el núcleo de la muerte,
un camino de sapos
y un cargador vacío que me apunta.
En mis ojos, el afilado estertor
del cuerpo
llena de sangre mis miedos.
Me aplacan infinitas derrotas,
estrellas de sangre,
el ansia irrevocable de morir en la celda
como cualquier otra madrugada.
Tan dentro de mí estás,
que como si fueras mío te pienso.
Y el odio
que me escupes, que me gritas,
ya no me arma ni de un inocuo coraje:
soy la rendición, el humillado
vencido por el tiempo y por sí mismo,
con las manos tan vacías
como siempre y con la muerte
en el núcleo de mis ojos.

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