19 de noviembre de 2012

Sueña la calle sentir los latidos,
vaciar sus ojos de hambre,
romper la noche que se precipita
sobre sus hombros.
Y en ese equívoco soñar eterno,
los pétalos de ciudad,
las manos de cielo,
se aprestan en un sueño de
hormigón y humo, fabril y distante.
Sueñan las calles otro mejor destino:
uno de muros blancos, 
de besos espirales, de pechos
que no arranquen la muerte
bajo la ventana sorda.
Soñamos en las calles rotas,
huérfanos de futuro,
los que aprendimos a querer
con la vida en los talones.

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