24 de octubre de 2012

soneto

Sueñan tus ojos el silencio grave 
de la mañana lívida, reposa
inane, cruel, lánguida y hermosa
tu pulcra tez de indiferencia suave.

Tu indolencia es la cámara sin llave
que apresa el corazón, que rebosa
a la razón, la desazón odiosa
que hace que el hastío en mí se clave.

Y declinas tan estricta el porvenir
ante tus veleidades caprichosas,
que el mañana por el hoy se ha de ir.

Y el amor que no cesa, que no para,
y la sangre espesa, llena, onerosa...
que se vierte roja, que se dispara.



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