27 de octubre de 2012

«Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie»
T.Adorno

I
Silencio; podemos llorar,
al compás de nuestra infamia,
amores de cristal, tinta
roja y lágrimas mezcladas
con el acíbar promiscuo
de nuestra miseria ingrata.
Podríamos anegarnos 
en besos de falsa calma,
que el odio reverberase 
sin mirarnos ni a la cara.
Pero el precio de cielo es
impagable, cuando se hace
trizas un mundo que acaba.

II
Nada, no resiste nada.
Qué es un corazón roto,
qué es el tiempo que escapa,
cuando el que sufre es el otro;
su pobreza, su esclava 
servidumbre por un oro
lleno de desdén y sangre,
de su infortunio ignoto
donde el amor no se gasta.
Qué es desamor inodoro
si el hedor del pobre es muerte;
qué es tu querida sin rostro,
aséptica e incólume,
si el hambre aún los mata, si
claman las nubes su lloro.




24 de octubre de 2012

soneto

Sueñan tus ojos el silencio grave 
de la mañana lívida, reposa
inane, cruel, lánguida y hermosa
tu pulcra tez de indiferencia suave.

Tu indolencia es la cámara sin llave
que apresa el corazón, que rebosa
a la razón, la desazón odiosa
que hace que el hastío en mí se clave.

Y declinas tan estricta el porvenir
ante tus veleidades caprichosas,
que el mañana por el hoy se ha de ir.

Y el amor que no cesa, que no para,
y la sangre espesa, llena, onerosa...
que se vierte roja, que se dispara.



20 de octubre de 2012

Contra todos

Ni jazmines, ni elefantes de Oriente;
ni dios, ni profecía.
Ni siquiera tus labios
empañan la mustia faz de esta vida.
No hay epíteto de siete mares,
ni esbelta metáfora que me diga
una verdad desnuda:
el próspero sueño fue pesadilla.
Nada se oye en el presente cetrino,
nada se sabe en la distopía.
Silencio en el aula.
Murió la poesía.
Nos cambiaron el amor
y el desamor de los versos de orilla,
y los paraísos artificiales
sucumbieron ante su gran mentira.

Torres de marfil especulándose,
el arte que olvidó la rebeldía.
El arte para mentir
bajo el signo de la economía.








18 de octubre de 2012

Silva arromanzada de nostalgias y sueños

El letargo de la noche se cierne
llenando los silencios de vacío.
Un ácido negro,
en los rincones de mi alma perdido,
se busca a sí mismo,
te busca a ti, en mis venas de hilo.
¿Cuando fue que se llevó la mañana
ese amor cautivo?
¿Cuando podré dejar
de olvidarte en un sueño prohibido?
El rumor mudo de la ciudad calla
un invierno tranquilo
y recuerdo tus labios de verano
al final del camino.