16 de agosto de 2012


Aprovechando el revuelo mediático que se ha formado a partir de las acciones de protesta del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores) en los supermercados, donde todos sabemos ya qué ocurrió y cómo así que, es innecesario el intento de desprestigio alegando los mismos motivos que ha esgrimido en su favor la extrema derecha—, es preciso pensar la protesta más allá de lo que supuso la propia acción (tal como reclaman los sindicalistas, fueron actos simbólicos, cuyo ulterior fin no era otro que poner en tela de juicio aspectos candentes de la sufrida sociedad del estado).
modo de incisopor todos es sabido (y si no es así, ahora lo sabréis) que el castellano es una lengua tradicionalmente de cultura y muy ricatanto en sus expresionescomo en su léxico. Y eso, ha suscitado que algunosde forma subrepticia y ladinahayan querido servirse de ellasubyugarla a su antojo, para beneficiarse en sus propósitos más que turbiosMediante el eufemismo y el sinónimo relativose ha querido dotar y cargar de connotaciones negativas —incluso delictivas— la protesta del SAT. Como uno siempre urde las palabras al gusto de sus intereses, mi propuesta léxica para describir lo ocurrido en los supermercados es “expropiación”, que suena muy revolucionario.
Mi reflexión rehuye a tratar la expropiación de los supermercados de la forma que se ha hecho en los medios manipulados por el capital. Es evidente que llenar diez o quince (ni ciencarros de comida, no va a sofocar la hambruna generalizada que se sufre actualmenteni mucho menos va a crear puestos de trabajoPero es que en ningún momento se ha pretendido tal cosa. Como se ha repetido hasta el hartazgo por los dirigentes del SAT, el objetivo de la acción era provocar una reacción en los medios y en la sociedad en general, para conseguir que se hablase más en los medios masivos de aspectos como las familias desahuciadas o que no tienen ingresos, en lugar de dedicarse a teorizar sobre la “prima de riesgo” y otros aspectos económicos que la gente de a pie ni les va ni les viene.
Si tenemos en cuenta cómo ha trascendido este suceso, nos percatamos de que el éxito ha sido rotundo en todas sus formas. Ni en sus mejores presagioslos dirigentes del SAT, cuando organizaron esta acción, pensaban que iba a tener la repercusión mediática que ha tenidopor ciertoque todavía coleaaunque también han debido de pagar el precio: represión. A pesar de ello, la publicidad —gratuita— queun sindicato de clase humilde como el SAT, ha recibido es impagable. Además, la posibilidad de exponerdebatir sobre ideología, ideas políticas y propósitos, y transmitir un discursoque los medios obvian casi siempre, en “prime time” de diversos programas televisivos —es decirun discurso que llega a una cantidad ingente de personas— es un logro insólito, a la par que descomunal, para una agrupación obrera como el SAT.
Llegados a este puntoentramos en cuestiones de estrategia. La crisis y sus múltiples interpretaciones han dado lugar al nacimiento o resurgimiento de debates sobre temas olvidados (comopor ejemploabordar el capitalismo en sí, como sistemaalgo que no pasaba más que en reducidos círculos después de la caída del bloque soviético) y, por consiguiente, a nuevos grupos y entes políticos (15-M con toda su variedadizquierda transformadora y oportunistas como UPyD, además de partidos al estilo “Tea Party”). Dentro de esta mezcolanza política heterogénea, vamos a fijar nuestra atención en la aparición de un elemento nuevo en el espectro político que empieza a tener relevanciauna izquierda que se proclama anticapitalistapero que nace cortando de raíz cualquier reminiscencia con las experiencias anticapitalistas anteriores, es decirqueriendo librarse del pesado yugo soviético.
Lo nuevo que aporta (o aspira a aportaresta nueva tipología política —dentro del espectro político occidental—, es una mayor comprensión y unas políticas dirigidas en favor de los intereses del pueblo llano, en detrimento de la relajada y privilegiada existencia que ha tenido la clase dominante durante muchísimos años. En realidadnada nuevo. La novedad que se introduce se halla en los referentes donde esta izquierda se mira. Esta izquierda transformadora se identifica con los principios del llamado “socialismo del siglo XXI”, es decircomo ya he dicho más arribaquiere desligarse de cualquier parecido posible con lo que fue el difamado comunismo de la Guerra Fría, para buscar sus ejemplos en los países latinoamericanos donde gobierna la izquierda (un fenómeno reciente como la Venezuela de Hugo Chávez y dirigentes como Correa, Evo Morales...).
Además de las diferencias ideológicas que se puedan tener con las políticas del “socialismo del s.XXI” (también son innegables sus logros para la población autóctona), esta nueva izquierda —que se permite el coqueteo con el marxismo y es capaz de abominar el comunismo— se distingue de la izquierda tradicional (a la que suelen tratar con despreciopor querer innovar en los métodos de protestade acción... que se han usado tradicionalmentePor lo tantoentre sus sesudas tareashabitualmente vemos como reformulan y repiensan métodos de representación y/o de protesta que se adapten a las necesidades de los sujetos contemporáneos. (Es que ya sabéis, en el paleolítico marxiano no había ni cambio climático...)
Ahora es cuando viene la pregunta del millón. ¿Qué habrán pensado todos estos estudiosos de la nueva izquierda al ver que una protesta tan simple como lo del Mercadona ha supuesto todo lo que ya hemos expuesto? ¿Qué cara se les habrá quedado a los aduladores del 15-M? Con esto, quiero reivindicar la validez atemporal de los métodos de lucha de los que se ha servido durante largo tiempo la clase obrera para encontrar su dignidad, permanentemente mancillada. Con esto, quiero reafirmar el valor de las huelgas, de la acción sindical, de la agrupación de clase, que son tratados, por la izquierda transformadora, como métodos anacrónicos e inservibles.  Así que, menos pancartas ingeniosas y más expropiar supermercados.

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