13 de febrero de 2012

Soneto de todos.

Pléyades fieles al opio imperante
suman la derrota en el calendario;
absortas en un mundo imaginario,
se les va el mañana por el instante.

Y así, con una agonía incesante,
entierran la verdad bajo sumario.
En estos días, el peor sicario
es la verdad que ansía ser tajante.

Escaparates, esperpento y luces,
la ciudad, una cortina de humo
que afila astuta una lógica irreal.

El sueño occidental se da de bruces
cuando nada pasa, si todo es uno,
si vivimos en un mundo artificial.

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