4 de febrero de 2012

Hijos del ayer

Las noches sin garganta,
la niebla que se acucia en tus ojos;
somos pálidos reflejos,
funambulistas buscando
en los vergeles
las rosas con más espinas.
El presente no tiene el fusil,
y el mañana aúlla impaciente.
Máquinas, subordinados,
la barbarie de los cuerpos inanes
se agazapa
en el silencio blanco.
Llevamos en la piel marcado,
como la quimera el imposible,
el vestigio del ayer
en el fondo de los ojos...
ya hemos olvidado la sangre,
lo dicen todos.
La impávida enajenación de los cuerdos
desentierra el pasado:
aunque solo por hoy
tú y yo nos querramos
sin hambre,
todos los besos que te debo
han perecido
en la ciénaga roja
del pasado ineludible.

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