16 de febrero de 2012

Oda a Zlatan

Gladiador con barita, acorde de león
y sangre de mercurio.
Donde su miedo dice basta
tú empiezas la hipérbole.
Genio loco exasperante,
asesino esférico de lo mediocre,
visionario de sangre fría,
nómada de la mirada.
La magia aparta la vista,
lo extraordinario abdica
cuando llegas solo,
con la camiseta del mejor postor.
Sueñas la realidad dulce
con el acíbar de tu carácter.
Obstinación bosnia,
genética croata
y la perfección sueca
se besan azules para hacer
de ti una filigrana arabesca
que juega con las nubes.
Siembras odios de dragón negro
allá donde el mundo es opaco,
donde un número
habla por ti.
Pero tanto enamoras
a los poetas sin primaveras,
a los bates locos
que andan quiméricos
que nos dejas sin galaxia.
Tú no libras feroces lides
a cara o cruz contra la muerte,
haces del campo un lienzo
y plasmas la belleza
ajeno al temor,
haciéndole befa al fracaso
y tu esplendor ilumina el camino
vericueto.
Tu regate es una metáfora,
tus asistencias del barroco
y el gol la sinestesia
que nos deja buen sabor de boca.
No hay estratega militar
ni parábola matemática
que pueda afrontar
tu ataque de vanguardia.
Sueñas la realidad con el sueño
de muchos que aún creen
en el valor de lo distinto.

13 de febrero de 2012

Soneto de todos.

Pléyades fieles al opio imperante
suman la derrota en el calendario;
absortas en un mundo imaginario,
se les va el mañana por el instante.

Y así, con una agonía incesante,
entierran la verdad bajo sumario.
En estos días, el peor sicario
es la verdad que ansía ser tajante.

Escaparates, esperpento y luces,
la ciudad, una cortina de humo
que afila astuta una lógica irreal.

El sueño occidental se da de bruces
cuando nada pasa, si todo es uno,
si vivimos en un mundo artificial.

4 de febrero de 2012

Hijos del ayer

Las noches sin garganta,
la niebla que se acucia en tus ojos;
somos pálidos reflejos,
funambulistas buscando
en los vergeles
las rosas con más espinas.
El presente no tiene el fusil,
y el mañana aúlla impaciente.
Máquinas, subordinados,
la barbarie de los cuerpos inanes
se agazapa
en el silencio blanco.
Llevamos en la piel marcado,
como la quimera el imposible,
el vestigio del ayer
en el fondo de los ojos...
ya hemos olvidado la sangre,
lo dicen todos.
La impávida enajenación de los cuerdos
desentierra el pasado:
aunque solo por hoy
tú y yo nos querramos
sin hambre,
todos los besos que te debo
han perecido
en la ciénaga roja
del pasado ineludible.

2 de febrero de 2012

Algún día

Las calles son témpanos de quietud,
el hielo lívido languidece,
como una plaga, en la ciudad.
¿Volveremos a ser caballos?
¿Volveremos a ver el Sol
tras las orejas de la tormenta?
La muchedumbre cierra los ojos
porque prefiere no ver.
¿Algún día volveremos a besarnos
con fuerza sonriente,
con las cicatrices cerradas
de haber cerrado los años grises?
El miedo ya no se escuda
tras una lisonjera voz,
trunca las metas pintando
su victoria en las paredes.
¿Algún día nos perdonaremos?

Soneto de amor

Indago en tus palabras el silencio
que nace en la distancia de los besos.
Siendo tan libres solo somos presos
buscando en los kilómetros consenso,

dueños de la nada  en un todo inmeso.
Saben los sabios que es verdad de peso:
quien el amor prueba no sale ileso
y a tu amor afilado soy propenso.

Amor de las horas desordenadas,
del que grita agónico bajo la piel;
amor saliéndose de las costuras.

Amor que resiste en la barricada,
con el puño en alto y palabras de hiel.
Amor de locos, amor de locuras.