21 de enero de 2012

La desdicha del hombre

Frágil es la muralla del fracaso,
y cuando mueren los viejos noviembres
más asiduos del jamás que del siempre,
la voz se me amortaja en el raso.

Dulce la hiel del infausto malcaso
si no hay Luna ni cincel que te encuentre.
El más ínclito labio o un puro vientre
puede esconder de la sierpre el trazo.

Noches de hojalata y otros designios
desmoronan contra el viento la vida
y el hartazgo se llena de infortunios.

Olvidos y juramentos ígneos,
palabras rotas, promesas perdidas
se apagan bajo el temblor de los puños.

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