2 de enero de 2012

En el banco he coincidido con un conocido,
hacía tiempo que no nos veíamos;
tiene mi edad.
Iba con un carrito y un recién nacido
y su pareja, más joven que yo,
imploraba a la empleada
del banco algún favor que no
he podido discernir.
Ella se limitaba a sonreír
y les negaba la ayuda,
alegando que perdería el puesto
y que ellos estaban en paro.
Mientras yo resolvía mi trámite
en un minuto,
pensaba en las contradicciones
que alberga la existencia,
cuan cerca estamos de todo
y cómo olvidarse en esta selva sin piedad
donde siempre pierden los mismos,
cuesta incluso menos
que entrar a probar fortuna
en un banco.

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