23 de enero de 2012

El papel de la noche

Hecha de quebrantos, la oscuridad
rezuma nostalgia.
La niebla hiede en la metafísica febril
que no oye cantos de sirena,
que no ve más allá
de su propia obstinación.

Sin resollos, expira la noche
con el último fulgor de los faroles
cubiertos de pólvora.
Las esperanzas también se apagan
absortas de tedio,
arrulladas por la bruma
de la incertidumbre.
Y los maltrechos buscan un labio,
donde el leve amanecer
mitigue su sed sin venganza.

Cuando la escarcha
cede frente al despertador,
por fin, un baluarte mortecino y viejo,
asedia el lóbrego devenir
de quienes siempre han desdeñado
la espada por el látigo.

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