15 de diciembre de 2011

Silencio y poco más

Silencio y poco más, la intemperie no respira sino la vacuidad y el vacío. Cuerpos inánimes pero con latidos y algunos se miran adentro, creyéndose más sórdidos que la amargura que les mira sin ojos. Silencio y poco más, nociones básicas de arquitectura y la vileza atroz de quien ha vendido el corazón, bastan para seguir engordando la base de la pirámide. Tensar la cuerda, cercar los hálitos, no ver las rejas; así se juega en esta liga, donde reina el eufemismo y la mentira. Cárceles y mansiones, mente y cuerpo, obreros y corrupción. Ya hemos mirado a la historia, pero ésta no pasa, no se mira; se hace, se construye con los cuerpos que han perecido por la libertad; aunque las cortinas de humo, las luces de navidad y el agujero negro del capitalismo, actúan como péndulo, y es más sencillo comprarse unas Nike, perder el norte un sábado o simplemente hacerse un barco de papel y cerrar los ojos, como si la muerte ya jamás te pudiese encontrar, que intentar hacer algo que no sea para uno mismo. La ciudad es tan bonita como un postoperatorio, como una cicatriz inefable. Está muerta. Hieden el cielo los edificios, pero los símbolos ya no cuentan, nos dejamos caer en este purgatorio estéril de almas sin espejo y cuerpos estilizados. Silencio y poco más. El sonar alegre de las monedas, el hedor de los billetes antiguos y cajeras sonrientes, dependientas mentirosas, vendedores de aire. Comprar redime, callar salva. Silencio e ignorancia por intentar sobrevivir. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario