23 de octubre de 2011

Los rascacielos

Ellos miran el orgullo del prójimo
sintiéndolo más suyo,
se reflejan en su triunfo,
se cobijan, al fin,
en las proezas del siguiente.
Ellos miran la última brecha del rascacielos,
la cosquilla del azul,
con la satisfacción colectiva
de saber que podría haber sido él.
Pero no, ellos no son él,
porque sus pies siguen mojándose
en el asfalto y mañana
volverá a sonar temprano el despertador.
Ellos festejan la victoria,
ellos bañan los ojos
en el color trágico de la bandera,
y sus lenguas y sus gritos
de bandera, sus gritos de no saber nada,
se piensan tan ganadores
como él, pero no, ellos no son él
y mañana el jefe
querrá despedirlos bajo el amparo
de otra reforma laboral.
Ellos se miran la guerra, la dicen,
con la suma alegría
de saberse de los buenos,
porque el de la pantalla no engaña,
pero no, la guerra no tiene
caretas ni disfraces, sino intereses,
y el único que no va a llorar
por ellos, los que mueren,
es aquél que no se siente observado
en la rama más alta y lejana
de su rascacielos.

20 de octubre de 2011

Ella esperaba en el andén. El día gris como sus ojos y un viento agorero traía las nubes encima de su cabeza. Cuánto de plástico en esa noche, cuánto de noche en su rabia masticada. Las gotas que retozaban por su cara parecían hojas de afeitar, parecían el verdugo que no se esconde tras la máscara. La noche vacía, la noche sucia, la noche silencio. Miraba de tú a tú al tiempo, a la saeta que oxida la belleza febril, con la pasmosa tranquilidad de quien urde una venganza. En ese instante todo el mundo fue ella, todas sus miradas, negras. En el fondo era consciente de que ya había marchitado, que sus días no eran más que meros intentos aciagos de no inmolarse en el pavor y que todos los finales ya estaban escritos. Después de pisar con desdén lo poco que quedaba de muerte en su mano, se dijo que sí, y saltó.

Uno sin el otro

Nos hemos hecho rehenes 
de nuestro miedo,
rehenes de las palabras
exiliados del tiempo.
Nos hemos dicho la verdad
y el humo blanco,
nos hemos dicho el dolor
sin cuentagotas 
y el beso se hizo sangre.
Nos hemos contado hasta
las pecas perdidas
y le hemos puesto nombre 
a cuánto nos hemos odiado...
Nos hemos hecho lazos,
también trizas,
hemos terminado guerras,
pero siempre 
nos hemos hecho uno,
al final, cuando ya
nos veíamos sin el otro.


18 de octubre de 2011

huérfanos

Huérfanos de un mundo sin rostro,
con las venas abiertas
y los amaneceres desnudos.
Jamás dejamos de ser sombras
que perdieron los años
en mayos dulces,
que perdieron las voces
en mayos blancos.
Huérfanos de un mundo que olvida,
que nos entierra las caricias
y nos da un precio...
y nos da, sin dar apenas nada.
¿Cuando robaron los héroes
de las páginas rotas?

4 de octubre de 2011

En la otra cara de la moneda

En la otra cara de la moneda
las gentes eran verdes,
los parques verdes, las ciudades verdes
y los sueños resplandecían
con un verdor impúdico.
En la otra cara de la moneda,
la moneda era moneda,
no un fluctuar de especulaciones,
no un maletín gráfica,
no la muerte que asoma el pie
por debajo de la puerta.
En la otra cara de la moneda
no había gravados,
ni perfiles, ni el peso de la sangre
inocente en los hombros
de una corona sin chaqueta.
En la otra cara de la moneda
el amor, la lucha, la arena mojada
de todas las quimeras
forjadas con el llanto frío
de los olvidados.