30 de mayo de 2011

no se sabe en qué nube duerme

No se sabe en qué nube
duerme, toda ella es jugada y
tiene un reloj de sol
en los ojos.
Sin pisar siquiera, camina
que parece que
ate lazos con todas las miradas
a quienes rompe el
cuello.

Arroja, sí, en el corazón
de la ciudad, toda su ubérrima excelencia,
como si tuviese un apellido
muy largo.
Y dicen los incrédulos que
el cimbrear de su pelo y el tintineo
que se oye cuando se desnuda,
han incendiado bosques
europeos...

No espera el sí y aunque
cada mañana de cada día esté
preparada para colgar
a medio mundo...
cuando se ahoga sola debajo
de las sábanas,
sabe muy bien que ha
vuelto a perder.

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