17 de mayo de 2011

lo siento

Tengo los días repletos
de pellizcos y
aunque no consigo despertar,
descarrilo horas
de arena porque nadie
me espera.
Con los recuerdos
suspendidos y
un sueldo de hacer trampa,
el letargo de la
trompeta se me clava
en las mejillas.
De pronóstico desvirgado,
me reservo la
sentencia; y es que
mis ojos siempre sacan
lo que escondo:
no me mires tan azul.

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