6 de abril de 2011

en el cristal roto

Con la mirada descorchada
y voz de haber sido picahielos y nido;
con los escrúpulos del verdugo y
Cleopatra en su cuerpo
amainando un dragón;
con melancolía en el esófago y
sin coartada de latidos;
con los bolsillos desfondados y
ensartando pecados
de dos en dos,
la ciudad estólida me guiña un ojo y
la primavera hecha de sangre y
monedas agoniza
en coágulo llenándome las
sábanas de recompensas.
Esta soledad de papel mojado
me hace apacible
la velocidad relámpago y
los misiles pupila.
Solo, te pienso tan lejos,
donde la ciudad deja la trinchera
y vuelve a ser contorno
de abeja y sombra
de hetaira.

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