14 de marzo de 2011

XII

Tú páramo glauco y retina,
tú sin insignias, tú enagua en el diván
de amores ebrios, tú y los besos
de témpanos embotellados y
el mar neurálgico destila tus labios
si dice "lluvia"...
Y aunque no seas sábana, y
aunque no seas noche,
guardo promesas y cajas de música
sin bailarinas, guardo,
bajo los sueños que duermen
en la sal de la herida,
la crisálida donde queda todo lo
que jamás dejaremos de ser:
todos los secretos
de las úvulas.

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