18 de marzo de 2011

Órgano

Tengo entre los dedos sangre
del último amanecer,
y tengo un órgano sin miserere,
tengo un órgano y el jazz de su pelo,
de sus alas de libélula;
el jazz de cuando el gato está
en su espalda y
los acordes en sus costillas.
No sé qué tengo
pero me atrapa el dolor en los codos
y me duele como hierro,
como cuando es herradura
y la cítara no amaina la marejada
ni aun con Calíopes
que marchiten en esquinas.
Tengo la radiografía que calla
lo que todos saben
y tengo las preguntas en la almohada
al lado de su nombre...

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