16 de marzo de 2011

odiarnos

La belleza curvilínea de odiarte,
de odiarnos, está en caer
cuando las fresas se comían con nubes.
Nínfula de tres Alejandrías,
de jazmines de Sol caído,
la belleza de nuestra sangre
no reside en el rojo
ni en el estertor nocturno;
lo extraordinario de nuestro dolor
radica en la grieta donde
lo funesto es caricia de
melindres, donde lo que duele
está en las sonrisas perdidas.

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