4 de febrero de 2011

Vértigo

Temo que mi ser se haya vuelto una realidad no palpable, como la imaginación de un neurótico, porque la noche muta en cortina de burdel, pero yo no estoy dentro; y no sé qué es peor. Pruebo a dolerme y  grabo el secreto de tu ausencia en mi lengua , para saber si este dolor que me corta es de médico de cabecera, para medir cuánto de ti me queda para llorar. Y cuando el latido es esguince del desvelo, el espacio de tus labios cercena hasta los gatos callejeros que nos esperaban en el rincón de mar. Yo no te culpo...me odio a mí por no ser semáforo y me sale demasiado bien. Me asusto. Es imposible odiarte, las azoteas y los coches ya han activado el complot. Tú en la gran manzana, y yo entre gusanos que visten sombreros de copa. Caminar es más seguro, cuando las copas de los árboles te quieren cobrar. Me saboteo pensando en circos de esquizofrénicos.

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