15 de febrero de 2011

minutos

Espero hasta las 11
para volver a oír tu voz.
Mientras, la hetaira
de la soledad me desnuda
las pestañas y
abre un abanico negro
de un nítido doble filo.
Espero 20 minutos de
mirarte la serpiente entre
los casi subterfugios.
No sé donde está la
resolución de la incógnita,
no sé ni donde estás
regalando tus sonrisas
de amanecer escuálido.
Ahora sí, 10 minutos y
los versos no son
acaso método, ni palian
este veneno candente.

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