4 de enero de 2011

última caída

Va susurrándole al viento
que perturba sus pestañas.
Regurguitando los pasos
en una enmarañada caída
que se intuye fresca.
Al albur sus dedos tocan
delirantes, solipsistas,
la sombra de tinta china
que sigue sin saber adonde.
En sus venas sólo dulzura,
una sonrisa de enigmas
en cada centímetro blanco.
Siente deflagraciones fugaces,
calderos borbotear
en el cactus de su labio
y llena con rayos de Sol,
penas fósiles y más vasos
el eco que no vuelve de adentro.
Su cuerpo es de pluma,
colgando sus ojos cerrados
de su último abismo;
un blues lagrimoso, sonríe,
mientras su silueta perpendicular,
Ícaro sin pretensiones,
se calca de nuevo al mundo.

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