7 de enero de 2011

Sin aire

El corazón reversible
quiere salírsete del pecho,
sublevado en una guerra interior.
-Quiero morirme de latidos-
dice mientras agoniza su éxtasis;
es como si dijera el amante:
"Quiero morir de amor"
pensando en el acero del sexo.
El corazón del revés
de tanto centrifugarse y morir
y empañando jadeos, el alma,
sigue en la pared, henchida,
esperando la redención
de una lluvia autómata
¿Qué porción de sentimiento
cabe en el eufemismo "penetrar"?
¡Cuántos corazones del revés!
y tu cuerpo hiperbólico de latidos,
de átomos sin neutrones,
se duerme acariciando a Orfeo.
Cierra el mundo con tus ojos,
las costillas aún buscan oxígeno...

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