12 de enero de 2011

La prefiero a ella.

I
A mí no me han matado tres veces,
ni tengo la lengua en un cajón
de cuidados intensivos donde queda exangüe,
donde la sangre huye entre tres tatuajes
hechos por tres alfileres sin cabeza
que no predicaban la ciencia del amor.
A mí no. No me han dado la sinopsis de mi muerte.
No sé de pulmones industriales,
ni he fumado bosques de Canadá en invierno.
No he visto culos de bar en chicas depresivas;
de esas que en sus besos de adicta
muestran el centímetro de tu caer picado.
Tampoco tengo en mi hígado copas que acrediten
que fue mi culpa que bajaran los lagos;
que los relámpagos quisieran darme la mano.
No he pasado una guerra con sexo
ni he tenido una noche sin manta de hambre.

II
No quiero bólidos, prefiero la cuna
de su vientre ejército, el submarino
sin misil ni mirilla al exterior infausto.
Para mí no es musa celeste mi cuita.
Prefiero olvidarme del hambre en el mundo,
de las guerras en el sofá por el mando;
la prefiero a ella y ella a mí.
Tambaleo en el vacío consumista
y lo peor es que el miedo no me recojerá,
lo peor es que dinero no borra
las máscaras del tiempo fusilado.
Aún sueño al mirar los astros:
pirata sin tesoro al abordaje del Sol.
Mi dipsomanía muerde pedazos de aire
y sólo bebo de mi fuente de pájaros vírgenes.
Ahora me divierto bajando toboganes de gráficas,
de estadísticas que marcan una cruz roja;
y si gozas de algún labio robado no lo dejes,
sé cauto con el hombro de la infancia
que será lo único que quedará tras el telón.
Yo sólo quiero escribir versos.

2 comentarios:

  1. jaja, muchas gracias Rocío. De verdad, no sabes cuánto agradezco un comentario tan sincero.
    Un saludo.

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