12 de enero de 2011

El piano

Imagino unos dedos adustos
que el infortunio quiere toquen
impetuosa letanía de sonido.
Imagino en la ventana las notas
rasgando el cristal: un entrevero
que zurce un sucio resultado.
Los quejidos del instrumento,
un piano, por ejemplo,
no es necesario ni imaginarlos,
se perciben desde la fantasía.
El ruido corrompe la mente más pueril.
Imagino también nulos intentos
para una mejoría que no sabe nadar
entre las teclas; luego, no existe.
Veo los golpes, el desprecio,
lo abominable, la gravedad...
Un sujeto exasperándose
acompañado de su piano intacto,
abandona la dudosa empresa.
El instrumento carga la culpa
y en ese rincón de madera
queda relegado al olvido de los días.

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