7 de enero de 2011

Del tiempo perdido

Ya no se agitan las luces,
se marchitan al besar con ácido
la insoluble fuga de caballos;
el tiempo es alcahueta del olvido
y escudo del remordimiento.
Repudio el cinismo plúmbeo
de valorar lo irremediable,
la humilde y dudosa parodia
de ensalzar el error de pecho.
Ya los sarcófagos han de explotar
y romper las rejas de la virtud,
ensancharle la voz a los cuatro hielos.
¿Dónde está quién pueda ser
rapaz o buitre del ayer?
¿Quién se arriesga a perder,
y perderse en la acritud silvestre?
Parar el segundero no es la meta...

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