13 de enero de 2011

De la ciudad dormida

Voces de último hálito
arrojan destellos de horizonte,
trozos de amor de esquina,
secretos del ático sin polen.

Imbuida en serenidad pasmosa;
desde el morbo de amamantar cerebros,
de atar impulsos a la cama;
siendo yacija del delito ecuménico;
la eterna cicatriz mal cosida,
desdeña de los lobos sin garganta.
Engulle las zebras de los pasos.

Aunque pléyades aguarden el instante para la fotografía,
la sábana queda, incluso hipogea y última,
evitando la fricción de tantos ojos
sin escaleras mecánicas.

La taumaturgia de la urbe sangrante
es un collar de reptil;
mordedura de vampiresa
con sed de abrir el mar.

1 comentario:

  1. la eterna cicatriz mal cosida,
    desdeña de los lobos sin garganta.
    Engulle las zebras de los pasos.



    Fuerza, fuerza, fuerza. Me gusta.

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