31 de enero de 2011

cuando sea tarde

Búscame después.
Cuando estés en el hígado
de otro continente;
cuando tu subterfugio sirva
como una bola de chocolate gigante
que se deshace
en el pecho.
Búscame cuando me trague
tres platos de plomo
cuando crea que es verdad;
y no me has encontrado.
Haz algo, muévete,
muérete en una evasiva veleidosa;
búscame cuando ya sea
demasiado tarde
y la luna no esté por miedo.
Ahógate en mi hígado.

28 de enero de 2011

El juego

Inventa un juego sucio
-las musas han abdicado-
que trate del placer en el Edén,
que nos comamos todo lo no prohibido.
Poesía en el tango muerto;
en la copa, en el vino;
poesía de mariposas encarceladas.
No todo el monte es orgasmo,
el eco nos diluye,
nos convierte en búho de seguridad,
en barco de vieja mar,
en rocío de paladar verde.
Inventa un juego sin kilómetros;
la sangre suena:
te encuentro cuando acaba la partida
y hemos ganado.

En un minuto

El minuto es magistral:
espejos en el asfalto
se alzan contra el sueño;
no piden auxilio.
Nudos de tristeza lívida
buscan la espiral armadura
del caracol que
babea el porvenir de hastío.
El amor de gráfica muere;
fenece mientras el vestido
ingenuo recorre un cuerpo
lleno de desnudez.
Algo turbio nace, impío,
y no después de echar un polvo;
una luz sin gestación
rebela que todo es ideal,
todo está aprestado
para odiarlo sin compasión.

26 de enero de 2011

A doscientos

Imagínalo: tú y yo a doscientos.
¿En qué dirección caerían tus prejuicios?
¿Y tus cabellos de arena sahariana?
Tú y yo a doscientos y todo lo demás
es agua de alcantarilla, sobras de mundo.
A doscientos el ruido no tiene nombre,
y el silencio se amilana...
Sólo ves como el paisaje se funde
y se derrite en el fuego que inunda tus ojos.
Cuando pruebas los doscientos
no sabes qué es la muerte, jamás,
e intentas atrapar el secreto del tiempo
que se escapa entre piernas sin amor
y guerras que no han servido para nada.
A doscientos nada sirve,
eres lo que duras, como cuando cambian
el cartel del anuncio y ya no está ella.
En estas magnitudes todo es clímax
y cuando consigues que el tic tac pare,
cuando sientes que puedes ser más libre;
sabes que a doscientos latidos por minuto
me acerco a la demencia del abismo
para escupirte así, todo lo que soy.

25 de enero de 2011

Bocas inmundas

Si algo me parece nefando
son esas bocas llenas de aviones
que nunca vuelven; jamás.
Bocas de selva talada,
donde no habrá lisonjas para pájaros locos
ni colores para pintar sus labios.
Bocas fatídicas que extravían
su fisonomía si intentan
desgarrar un "te quiero" a rayas,
sencillo, sin ninguna malicia.
Bocas estruendo de fusil,
si acaso un beso mortecino
intentan aun buscando en bibliotecas.
Bocas convertidas en hecatombe desbocada
condenadas a no ser efluvio
purpúreo de la noche...

Deseo I

Sólo es una pamema
bastante absurda,
pero antes de rendirme
y concluir el día;
cuando el silencio
de toda la ciudad
queda encerrado entre
las costuras llenas
de cuatro paredes
que evocan el mar
y su brisa bucólica,
cuando atraco a la luz
y robo su condición,
emparentando amigos:
silencio y oscuridad.
Me gustaría ver
como danzan alegres
los lánguidos créditos
y que me hicieran pensar
en todo lo que aún
no he vuelto a perder.

23 de enero de 2011

Estrella de mar

Estrella de mar embotellada,
nosotros que fuimos niños sin ciudad
amontonando lodo entre los dientes;
jugamos a no besarnos de cerca
Estrella de mar embotellada,
¿también tú pierdes el precio
que te abre un mar de galgo?
Todos fuimos herida precipitada
quisimos ser un final de orgasmo
y encontrar una cuarta dimensión
para no ser nunca dos extraños.
Pero todo escapó en bicicleta
y sólo dejó una fotografía antigua
y un recuerdo de pies desnudos
Estrella de mar sin etiqueta
¿tú no temes el filo de intemperie?
sabes que todos fuimos y
somos reos de la saeta indina.
Huyes atroz porque sí,
no somos libres, somos libros.
Nosotros que nos quebramos
témpanos de orgullo a patadas,
no sabríamos vivir otra vez.

21 de enero de 2011

Me he rendido

Dime qué quieres de mí,
qué satélite quieres de lápida,
en qué huracán prefieres cenar hoy.
Dímelo lento y que sepa
tu discurso a ácido.
Si es que quieres las grapas
que me sostienen, dime,
si es que en la tragedia
has visto en un dardo flamígero
y quieres usarme de diana:
hazlo, pero con puntería de manzana.
Dime si es que soy tan perfecto
que en mí te sientes cómoda,
o si estos tragos desperdiciados
ya venían desde otro cuerpo.
Pero dímelo tan despacio
que pueda retozar en cada sílaba,
como se hace en una tortura.
Dime uno a uno, con sigilo
de avión y cielo resquebrajado
tus designios y átame...
no tengas remordimientos
porque yo ya me he rendido.

Fotocopias

Los mismos pantalones,
caras de lienzo igual,
espejos y voces grises
que se repiten enésimas
en la vacuidad del meridiano.
La palabra más pésima
siempre alberga el clima
de un narcisimo grandioso;
nunca sé en qué desierto
buscar la solidaridad
para no ser odio fértil.
Nunca he encontrado
la suerte de escondrijo
y obviar los lamentos,
los lloros, los cánticos,
de una especie semoviente
delirante de autarquía.
La misma risa de hormona,
racista; el peinado
fotocopiado combinado
al ritmo de la ropa...
Las mismas preocupaciones,
la misma despreocupación,
la diferencia extrema
entre ser y estar.

Creo que en algo me equivoco.

20 de enero de 2011

Tú estás tan allí

Tú estás tan allí, y yo tan aquí
que ensamblarse sólo es un espejismo
hecho de sueños imbricados,
de patas cojas y maderas náufragas.
Todo lo que a ti sabe, todo,
se me aparece como un imposible
donde no hay papel para mí;
una cima que, subrepticia, se transforma
en volcán y caigo en mi fracaso
arrastrando los dientes en el asfalto
rechinando una melodía de rancho.
Y tu cuerpo no es sino el delirante
despertar de un sueño sin arnés
que me expulsa de la sábana amniótica
al desdén recoleto de la nostalgia.

19 de enero de 2011

El chico

El chico de los pitillos
confabulaba desenlaces sin cola,
cuentista improvisado de su sino;
jugaba a deshilvanar el cielo,
a agujerear el sol con los dedos
montado en una silla alada;
intentaba desordenar los planetas,
y cambiarlos por pájaros
y faroles de luces sonámbulas.
El chico de los pitillos de hacha
dormía sin cinturón de seguridad,
y quería ser guardameta del arco iris
desmontando la base del Everest.
El chico de los pitillos creció,
le subieron el precio del tabaco:
los cigarrillos le dejaron a él.
Le dijeron que el Sol tenía precio
y usó la silla para sentarse...
le obligaron a pagar un impuesto
por soñar con libre albedrío
y se colgó unas cuerdas en derredor
para ser otra estólida marioneta.

18 de enero de 2011

La misma canción...

Si no pienso en azul,
si no rompo tres guitarras eléctricas,
si los gritos matan la euforia,
¿cuando subo si está todo cerrado?
Si la guerra nunca acaba,
y sí acaba, pero no me doy cuenta;
el mundo es ponzoñoso
como una charca de camino;
si yo soy el polvo inevitable
quedo a la sombra de la Luna.
Si mi rostro se vuelve silencio furtivo,
y si las pirámides cayeran...
¿dónde subiría a tocar el Sol?
Si me convierto en un sabor....
en dulce recuerdo, o ardiente olvido;
y si tú nunca te vas...
porque aunque te vayas, estarás
¿puedo arrugar mi locura?

17 de enero de 2011

Y qué

Y qué si me desheredas,
sigo siendo el mismo perdedor
que busca en las aves
un reguero de humo de pulmón;
despistado en las alturas,
olvidando que el tren ya no silva
y que ahora sepulta
los cuerpos que arrastra
cómplice del silencio.
Y qué si te he defraudado,
y si por fin te has percatado
que no nací para ser tú,
para redimir tus errores;
quiero coleccionar los míos,
mis errores, y poder gozar
de mis lamentos en un cieno gris.
Y qué si sientes decepción,
yo tampoco la esperaba
y como una mina anti persona
y como otra mina anti persona
fueron estallándome lentas
y yo fui cayendo, confiado
del final feliz que siempre prometen.
Y qué si no sonrío -no lo sé-
porque ahora ya sólo tengo
más barba y exceso de desencanto
y este destierro no corpóreo.
Y también tengo el rencor,
la envidia, la rabia, el odio
y una nostalgia que se agarra
y no me deja como una liendre...

16 de enero de 2011

Desde el rincón

Colgando en aspas de molino barrido,
recortaría la silueta de tu sombra
haciéndola póster de habitación
hasta que la melancolía
de la necia media tarde me engulliese.
Estaría soplándole al cristal
que regurguita ensueños de ascuas,
mientras tú robas a las 12 del pasado,
con el corazón al descubierto
y la verdad en las uñas,
la belleza de los campos Elíseos.
Como el gato que no cruza la calle,
usurparía el milímetro acrobático
de no ser raza en extinción...
y al nómada de tu boca mataría
pero sin dejar pruebas.
¡Qué inmóvil y absurda felicidad
vive sin quitarse la ropa!
Y de esta hemorrágea sin desgarro
sólo el llanto de ayeres borraría,
para que el instante no fuera espejismo.
Bien dicho: desde un apartadísimo
y cercano escalón me quedaría
viéndote medio niña y alborozada,
tan feliz como siempre me gustaría verte

15 de enero de 2011

Sin rumbo

Se me va el tren de mediodía
entre nubes y serpientes,
y no muda la piel de topos lejanos;
pero algo se cerne sobre mí;
algo, que es mordaza de hielo
ejecuta los vértices de mis labios.
Perdido en un bullicio alquimista,
en un fluir de vértigo vespertino
me convierto en caballo blanco
sin rumbo hacia las nubes.
Caballo sin techo, sin represión
de espuela ni armilla de cuero
que en sus ojos no delata temor,
sin más égida que una hoja seca.
Y despierto en el andén ilícito,
siendo rocín de herradura agreste
desposeído de mi mismo aun,
en la polis del mapa oculto.

13 de enero de 2011

De la ciudad dormida

Voces de último hálito
arrojan destellos de horizonte,
trozos de amor de esquina,
secretos del ático sin polen.

Imbuida en serenidad pasmosa;
desde el morbo de amamantar cerebros,
de atar impulsos a la cama;
siendo yacija del delito ecuménico;
la eterna cicatriz mal cosida,
desdeña de los lobos sin garganta.
Engulle las zebras de los pasos.

Aunque pléyades aguarden el instante para la fotografía,
la sábana queda, incluso hipogea y última,
evitando la fricción de tantos ojos
sin escaleras mecánicas.

La taumaturgia de la urbe sangrante
es un collar de reptil;
mordedura de vampiresa
con sed de abrir el mar.

12 de enero de 2011

La prefiero a ella.

I
A mí no me han matado tres veces,
ni tengo la lengua en un cajón
de cuidados intensivos donde queda exangüe,
donde la sangre huye entre tres tatuajes
hechos por tres alfileres sin cabeza
que no predicaban la ciencia del amor.
A mí no. No me han dado la sinopsis de mi muerte.
No sé de pulmones industriales,
ni he fumado bosques de Canadá en invierno.
No he visto culos de bar en chicas depresivas;
de esas que en sus besos de adicta
muestran el centímetro de tu caer picado.
Tampoco tengo en mi hígado copas que acrediten
que fue mi culpa que bajaran los lagos;
que los relámpagos quisieran darme la mano.
No he pasado una guerra con sexo
ni he tenido una noche sin manta de hambre.

II
No quiero bólidos, prefiero la cuna
de su vientre ejército, el submarino
sin misil ni mirilla al exterior infausto.
Para mí no es musa celeste mi cuita.
Prefiero olvidarme del hambre en el mundo,
de las guerras en el sofá por el mando;
la prefiero a ella y ella a mí.
Tambaleo en el vacío consumista
y lo peor es que el miedo no me recojerá,
lo peor es que dinero no borra
las máscaras del tiempo fusilado.
Aún sueño al mirar los astros:
pirata sin tesoro al abordaje del Sol.
Mi dipsomanía muerde pedazos de aire
y sólo bebo de mi fuente de pájaros vírgenes.
Ahora me divierto bajando toboganes de gráficas,
de estadísticas que marcan una cruz roja;
y si gozas de algún labio robado no lo dejes,
sé cauto con el hombro de la infancia
que será lo único que quedará tras el telón.
Yo sólo quiero escribir versos.

El piano

Imagino unos dedos adustos
que el infortunio quiere toquen
impetuosa letanía de sonido.
Imagino en la ventana las notas
rasgando el cristal: un entrevero
que zurce un sucio resultado.
Los quejidos del instrumento,
un piano, por ejemplo,
no es necesario ni imaginarlos,
se perciben desde la fantasía.
El ruido corrompe la mente más pueril.
Imagino también nulos intentos
para una mejoría que no sabe nadar
entre las teclas; luego, no existe.
Veo los golpes, el desprecio,
lo abominable, la gravedad...
Un sujeto exasperándose
acompañado de su piano intacto,
abandona la dudosa empresa.
El instrumento carga la culpa
y en ese rincón de madera
queda relegado al olvido de los días.

11 de enero de 2011

Melancolía imperiosa

Quise reunir todas tus sonrisas,
los besos que pacieron en mi boca,
todas tus fotografías sin bóveda,
las audacias que acuchillaste con fresas;
quise una plétora atroz de ti,
el instante, el destello, la córnea.
Quise deslizarme en bicicleta
en lo allanado por carcias volátiles;
del silencio ansiaba su eternidad,
del embrollado estruendo
quise su despertar magnánimo.
El tesoro que en tus pies no está, yo quise,
el que tampoco encontré en tus manos,
ni en tu cabello de arco apuntado.
El tesoro que me escondías por la noche,
ese que no quiso amanecer
del asfalto suave, ni en tu pecho de fuego.
Ese anhelaba yo, suicidándome el labio
cuando el amancer perdía el juicio.
Todo estaba en ti: el ojo sin pétalo,
la reminiscencia Griega, el sabor de olimpo
y la verdad aterrada en un sarcófago.
Yo te quise dividida y sin residuo
y encontrar del gran enigma la receta.
Yo, que te quise dibujar con carbón
la caída de Troya en la espalda
y encontrar Atlántida en tus besos;
yo quería explotar como chocolate,
leer el caligrama y la metáfora de tu voz,
convertir el vino, que a tu ausencia sabe,
en humor que trajera el garzón de Ida.
Te quise, yo, sin saberte siquiera,
te quise una a una, cada parte tuya,
desde la última esquina sin luz
hasta el arco de triumfo de mi victoria.
Ahora ya no eres puzzle de mil piezas,
ni el dédalo de un amor ebrio,
eres tú, tú dulzura, tú playa, tú mar,
tú imperio de murallas y profecías;
sólo se te puede querer en tu inmensidad.

El tiempo

El tiempo siempre es algo ominoso;
erosiona impasible, retuerce vil;
su lengua es látigo en tu espalda servil
que te fuerza a cavar tu propio foso.

El tiempo es dueño contrario al reposo.
Para él un segundo, que a ti son mil.
Colosal cual universo, su fusil
abyecta tu alma a un fin lastimoso.

El tiempo es tan ciego o más que el amor
y desconoce de número o raza,
de sueño, de miedo o de ningún sabor.

Él tiene el pincel que todo lo traza;
compárate con él, saldrás perdedor.
El tiempo: cazador que todo caza.

10 de enero de 2011

el día de antes

Miro como te deslizas áspera,
quieres adelantarte a tus tejanos,
la huida te oprime los cabellos.
Nada se torna encantador bajo esta noche,
se ha olvidado el maquillaje de Luna
y los jazmines perecen sin rubor.
Tú muerdes tu lengua déspota,
yo me la trago, después el orgullo.
En tu cara de trébol pisado
el mohín que desprecias pelea con tu azul;
una sonrisa te queda mejor, mucho mejor,
pero hoy, ni los murciélagos ríen.
Tu silencio se deslaza incesante:
no me crees, dices; y duelen infinitas dagas
lacerándome, recortadas en el pecho;
si tuvieras éxito y no aire, me pegarías...
y yo sólo pienso en tatuarte la espalda
llena de libélulas temblando como yo;
y si supieras un ápice de verdad
ahora estarías rompiéndome los dientes
con el metal de tu besos.
Quieres que me zambulla en el acíbar
que corroe hasta el metatarsiano;
te debo el sabor de la "vendetta"
aunque yo no sea artífice.
Tú mereces tener "algo mejor"
y yo soy tu "algo mejor"
que entre bostezos devora, de las nubes,
sus mejillas llenas de rosas.
¿Es nuestra deuda para con
el hacedor de las casualidades
por hacernos así: de un fuego casual?
Encarcelada en una bufanda frondosa,
te veo lacónica, desnundando los ojos;
y así te quiero y te querré,
bajo la misma piel, con otros tejanos...

Balada de aspirante a nada.

Luego quise renacer.
Una especie de radicalismo
soliviantado bullía...
Quise y quise;
encontrar la orla al fracaso,
poder regocijar en él.
Quise a cien personas
sin teclados ni rostro
para que me clavasen soledad...
Ser loco me salió mal:
indigestión sin faltas de ortografía,
triángulo de poesía trémula.
Luego también fui déspota,
tirano de papel secundario...
No engendré mares, ni encontré oasis,
tampoco desiertos.
Tras ser busto de balcón,
cicatriz de intento fallido;
encontré mi sitio.
Siendo eludible e ínfimo
no me ven morir de envidia.

9 de enero de 2011

Orden

Piensa en miles de hormigas.
Buscando el último trozo de pan.
Bajo la suelas.
Miles y miles de hormigas.
Todas ordenadas, cual ejército.
Escuadrones de hormigas que saben
lo que deben hacer pase lo que pase,
y además, lo cumplen.
No piensas en una sola hormiga.
No alabas el esclavismo de una hormiga.
¿Una hormiga? -Impensable-
¡Qué ridiculez! la matas de un soplo.
Entonces piensa en el reguero
de hormigas interminable.
En ese río que no desemboca
lleno de hormigas en fila.
Ninguna de ellas se tropieza.
Ningua de las hormigas habla.
Ni se discuten...
¿Cómo lo harán? -Qué más da-
¿Ya has pensado en todo esto?
¿Querrías, tú, ser hormiga?

Gatos

¿Por qué escapa el gato
de tus dedos de domingo,
de tu púbere y cándido anhelo?
¿Por qué tu paso más,
es su paso menos, su huida?
¿Por qué su garganta desgarrada
silencia el bullicio del escenario,
como un guiño de pólvora,
o un horizonte desangrado?
¿Por qué arrastra la noche
hacia un motor aún caliente
y se enfunda silueta arcana?
¿Por qué camina altivo
y es efigie de lo oscuro y de tejados?
¿Por qué desdeña de nosotros
ese gato de calle, de bunquer...
que desfía con ingravidez elegante?
¿Por qué no hay término medio?
o lo quieres, o lo odias...

Porque ellos saben que Rosseau mentía.

7 de enero de 2011

Sin aire

El corazón reversible
quiere salírsete del pecho,
sublevado en una guerra interior.
-Quiero morirme de latidos-
dice mientras agoniza su éxtasis;
es como si dijera el amante:
"Quiero morir de amor"
pensando en el acero del sexo.
El corazón del revés
de tanto centrifugarse y morir
y empañando jadeos, el alma,
sigue en la pared, henchida,
esperando la redención
de una lluvia autómata
¿Qué porción de sentimiento
cabe en el eufemismo "penetrar"?
¡Cuántos corazones del revés!
y tu cuerpo hiperbólico de latidos,
de átomos sin neutrones,
se duerme acariciando a Orfeo.
Cierra el mundo con tus ojos,
las costillas aún buscan oxígeno...

Del tiempo perdido

Ya no se agitan las luces,
se marchitan al besar con ácido
la insoluble fuga de caballos;
el tiempo es alcahueta del olvido
y escudo del remordimiento.
Repudio el cinismo plúmbeo
de valorar lo irremediable,
la humilde y dudosa parodia
de ensalzar el error de pecho.
Ya los sarcófagos han de explotar
y romper las rejas de la virtud,
ensancharle la voz a los cuatro hielos.
¿Dónde está quién pueda ser
rapaz o buitre del ayer?
¿Quién se arriesga a perder,
y perderse en la acritud silvestre?
Parar el segundero no es la meta...

6 de enero de 2011

Pestaña de recuerdo

En la translación desaforada
de mi habitación sin mazorcas,
urdo quimeras de herradura,
asgo las arácnidas fábulas
que hablan de cuchillos teñidos
y amputo crisálidas y pétalos
que aprietan tenaces la yugular.
No viajo desde bosques azules
donde los dedos tocan tu cerviz,
a confines de agua verde;
ni veo como zarpa un crepúsculo
al rozarse, hirviendo, labios
de sirenas y sílfides sin estela.
En ese giro de liviana tez,
en el momento que la dádiva,
tan esquiva y sin esmirlar,
me cautiva sin mohín ni máscara;
sólo ansío en mi ingravidez
ser una pestaña en tu recuerdo,
el tren de tu anhelo implacable.

4 de enero de 2011

última caída

Va susurrándole al viento
que perturba sus pestañas.
Regurguitando los pasos
en una enmarañada caída
que se intuye fresca.
Al albur sus dedos tocan
delirantes, solipsistas,
la sombra de tinta china
que sigue sin saber adonde.
En sus venas sólo dulzura,
una sonrisa de enigmas
en cada centímetro blanco.
Siente deflagraciones fugaces,
calderos borbotear
en el cactus de su labio
y llena con rayos de Sol,
penas fósiles y más vasos
el eco que no vuelve de adentro.
Su cuerpo es de pluma,
colgando sus ojos cerrados
de su último abismo;
un blues lagrimoso, sonríe,
mientras su silueta perpendicular,
Ícaro sin pretensiones,
se calca de nuevo al mundo.

Escena

Silencio con piel de tigre.
Pechos de estrellas ajadas,
de inextricables caminos
sin baluartes oblongos.
Silencio de hervívoro: devorado.
¿Quién espera al gato,
de qué río beberé inmortalidad?
Los ojos son un eclipse solar
que sostienen las olas;
silencio con sabor de océano.
Anhelo de ser disparo, pólvora,
herida, el placer de dolerte;
Miedo vívido a ser incoloro
y ahogar el brillo del silencio.
Pánico.

2 de enero de 2011

Los tres hombres.

He visto tres hombres deshilachados,
de pantalones que no aguantan monedas,
de manos que no muerden el horizonte,
que sólo rascan algunas cuerdas; no sogas.
He visto tres hombres con dos perros pobres,
de arrastrar el lomo y un nombre extraño,
de peinarse con el heder de los meses,
de haber perdido los ladridos con los kilos.
He visto tres hombres que no eran niños,
eran tres, con otoños en la cabeza, no eran niños,
con alas y humos en la ropa, pero no eran niños.
He visto tres hombres destripando el tiempo,
con una furgoneta de ruedas viejas, sucia,
con una casa de cuatro ruedas sucia, sin facturas.
Eran tres hombres, dos perros pobres
y una furgoneta abriéndose al latido del mar;
yo los he visto y he sentido pena por ellos,
luego un poco de asco, luego los he olvidado.
Eran tres hombres sin armas ni afrodisíaco,
sin tinta que brille, sin poder cincelar sus nombres,
sólo tenían el tiempo, sólo digo... sólo el tiempo
¿qué habrán pensado ellos de mí?

1 de enero de 2011

1 de enero, ¿nuevo qué?

Me aburro de taquicardia y náusea rotunda.
Me aburro y devaneo como el loco
que habla a escondidas entre paredes,
pero con los pies en los anillos de Saturno.
Me aburro sin prestancia y me aburro,
siendo un aburrimiento sublime lo que me sume,
lo que me arrastra con vehemencia y me torna macilento.
Me aburre hasta colmar tanto anhelo feliz,
tanto azúcar donde sólo veo acíbar;
me aburre cubrir lágrimas con calles de colores
en un país que duerme a oscuras y aterrado,
y el derroche de fe en Enero (¿está de rebajas?).
Me aburren los ojos de doble moral
cuando todos somos humanos no iguales.
"Buenas fiestas y feliz año,
(pero en Marzo no me des la espalda)"