9 de diciembre de 2010

Retrovisión

I
Tras engullir sin oprobio
los rozagantes delirios y estertores
de la perfidia susurrante y el tridente
de cabezas de minotauro ciego,
la noche escribió una Uve en sus largas piernas.

II
Abrió Alejandría y Egipto,
el bullicio de una Atenas principio y fin;
y las meretrices pintaron con sangre noble
una Uve en sus piernas de escaparate.

III
Diez almenas de luz en cuarentena,
de ciudades en el recuerdo sinusoso de la tinta,
mareadas en las vueltas de algún pergamino.
Sobre los sembrados yacen
los que perecieron vomitando sangre azul.

IV
Póker de ochos, paganos e infames;
genios en un pútrido cobijo amantado
por los misterios que huyen de la cruz.
Horcas que exhiben el esplendor amarillento
y glauco de calderos que hechizan la monotonía.

V
Baja el telón del universo: se despide.
No me urge el antídoto que me inculcas,
sólo necesito errar al viento de ánforas,
a dórico mundo para recoger de las alfombras
bocanadas de oxígeno y pintar en los ojos
de la urbe, una Uve que delate el dólar.

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