8 de diciembre de 2010

Nunca supe hablar...

Nunca supe hablar
de las tres vueltas de tuerca,
ni de las helípticas formas
de los tiempos que me rodean.
Nunca supe reparar un violín
y no enredarle los sonidos;
no entendí bailar en el agua.
Aun menos intenté levitar
en el hediondo y flojo cuadro
torcido de las tinieblas desabridas.
Probé a zafarme de los golpes tornado,
de la endémica pandemia moda;
algún éxito de mendicidad cándida
tuve, sin tener que cortar ojos.
No he sabido (ni sé) ver
los colores del imperio de cristal
que tiene los cielos rosas
y las leyes son unicornios y centellas.
No tengo un bisturí de poeta
para rayar los pétalos y los aromas,
para sustraer los hígados de versos livianos,
lícitos, en un callejón bucólico.
Carezco, soy abstemio de paraisos
en sótanos cochambrosos, ominosos,
desastrosos, apestosos, infecciosos...

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