13 de diciembre de 2010

Ni supe, ni sé

Relegado al asfalto, al humo,
a la arpía de uñas largas, malévola:
la melancolía, la desidia...
enfundado en cápsulas umbrías,
aspirando los tímpanos
que retozan entre los escombros;
no aprendí a inventar fábulas
en las nubes, siempre fui probeta
que disparaba sus ojos ávidos
sin poder alzar ni los pies
ni dibujar una promesa en el polvo,
porque me quedaba en la soledad,
en el reflejo, en la discusión,
en el lance férreo de pupilas
que se dicen y se esconden a la vez,
me quedaba en callejones y áticos.
Tampoco supe escudarme en el opio
y el trapecio pecaminoso de la noche
ni ser Cesar Augusto ni Nerón supe,
en un mundo de plastelina.
Yo, a tientas contra el silencio,
en un duelo de héroes y alcantarillas,
de ojos invadidos libando mis heridas.
Mis dientes chirrían,
como un frenazo de ultimátum,
alegando mi (poco) honor sigo firme,
aunque tengo el alma exangüe.
Me pido perdón, te pido perdón.

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