1 de diciembre de 2010

Nada después de nada.

I
Estoy fumándome los dedos
y en la boca amargo el elixir del viento que huye,
del ayer que me persigue.

II
Alárgame más la trenza,
almenos que pueda ascender
mi orgullo a tu yugular;
déjame en el malmetido espacio
que nos arranca las facciones,
una porción para ungirme dolor.

III
Tengo millones de sueños,
nueve millones de sueños,
y en ninguno los látigos dejan de azotar tu nombre.
En ocho, somos sublimaciones
hetéreas de la palabra prohibida.

IV
Anduve tres horizontes
buscándote donde sólo eras niebla
y rocío.

V
Voy a quemarte un pedazo de cielo,
me da pena
tanto azul hundiéndose en tu pecho.

VI
Escondí fuera de la tierra
mis secretos.
He olvidado el nombre y la esquina,
aunque tú, eres llave maestra.

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