17 de diciembre de 2010

Escalada inversa.

Luego, cuando has bebido fuego
tantas veces que ya te hiela el sabor,
cuando admites hipotecar sueños,
cuando los pájaros vuelan hacia abajo
y buscas en la manga del universo
la carta, el as, el impulso, el tigre...
No. Nada. Ni el aire respiras.
Luego, cuando recuerdas el desierto
regado de llantos, el nervio errante
y un telón de muerte y no de teatro
que cubre su último gesto...
Tampoco. Nada. Ni el aire respiro.
Al final te das cuenta, aspiras...
y balanceando en la punta flácida,
fétida, quejumbrosa y retorcida,
repites derrotas sin árbitros vendidos,
intentas no besar la lona de los problemas.
Luego, esculpo en mi cráneo inane
ventanas góticas y lechos lóbregos...
devoro páginas y conduzco anti estrés.
Luego, cruzo a la enésima potencia
la zancadilla del surrealismo obsoleto;
una línea entre álabes que intentan limarme
si ella no me abraza en mi dulce caída.

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