1 de diciembre de 2010

Ella no lo querría.

Ya no pinta estrellas de mar
en el tapiz de este acuario de lobos,
ni en las fauces de la guerra sin armas,
ni en azañas de pergaminos raídos.
Después la noche, se le despliega,
como la lluvia, entre su tímido cuerpo,
fantaseando con haber sido metáfora,
o símil de los labios que absorven fuego.

Tres molinos de viento,
y dos gigantes de ojalata podrida
antes de sus labios.
Un foso de caimanes y un volcán,
dos Pompeyas y media elegía,
antes de abrir el cofre del beso.

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