10 de diciembre de 2010

El mañana.

El mañana describe una nebulosa
de incógnitas y parábolas de misterios sin sombra,
una horda de adagios armados
que prodigan el silencio a carcajadas volubles.
Desde el vértice todo se difumina:
las caras y las máscaras de visajes prófugos,
las palabras que pulen su asta
y  los sueños bajo arcos de herradura
que reinventan las princesas de sangre fucsia.
Vesánico y lleno de honor medievo,
amartelado con los besos que le doy al espejo,
filigraneo sin malabares, parafraseo mis olvidos,
me marcho de las constelaciones y conspiraciones.
Yo soy yo, y tú también, y nadie más.
Ni artífice ni artificial, ni gladiador ni épico.
El mañana es una serpiente sin paraíso
que muerde la caligrafía de tu nombre...

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