16 de diciembre de 2010

Del despertar...

Del  despertar límpido y frugal
no quedan ya ni las horas,
¿a qué horizonte, sobre qué mar
planchado sonríen hoy los amaneceres?
El espejo me ha robado la cara
y a cambio me da dos mapas del mundo
y unas ojeras de ir en bicicleta.
Ya no busco vagones soñolientos
después de escabullirme de la tela de araña
y arrancar las sábanas insolventes del corazón.
El abrazo oscuro de la noche cobija
a todos los dientes que mascan versos
y los escupen como el tabaco de antes.
No me acuerdo de cómo bosteza
el primer paso de las siete de la mañana
ni cómo mascullaba y declinaba excusas
para perderme en una espiral.
Aparecen destellos, subtítulos, negativos
de las imágenes cetrinas, abiertas en canal.
No me siento mejor; menos vivo.

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