29 de diciembre de 2010

El acróbata

El acróbata está en la calle
empuñando dos recortadas sin temblar;
corbatas ondean por el pánico
cuando el cristal es anodino y frío.

Los ojos ensartados en el pecho,
la altura aguanta impertérrita...

...y un envoltorio de regalo
traza una diagonal perfecta, impoluta,
rompiendo la sábana del tiempo.

El acróbata está en la calle,
y el loco, y el mago, y él... también;
todos somos un poco de cada uno,
blandiendo cimitarras y dientes escualos,
para eximirle todo el sabor a la vida.

27 de diciembre de 2010

0001

¿Qué se amaga en el vagón de óxido?
¿Acaso la receta perenne
que liba los días amañados?
No recuerdo la felicidad en blanco y negro,
tampoco las flamígeras polillas
me llenan un plato de memoria.
Símil de mi locura: saco de boxeo.
Arena y odio en su interior
y una cara sin sombras ni picos.
Símil del amor: "knock out"
No voy a ahogar mi voz de hilo
por el peso de otras bocas a su espalda.
Yo no soy unos ojos, a veces una voz;
ocasinalmente unos puños,
entonces lleno las "kalendas"
de horas extras que extravían cabellos.
A lo mejor, el siguiente paso no es en falso
y atraco la atmósfera al revés:
le entrego todas mis etiquetas.
¿Sería como volver a ser expulsado?

25 de diciembre de 2010

La cola

La cola ya no cimbrea,
mi subconsciente de timbales
vuelve a ensordecer lagartos.
¡Qué peso la oscuridad,
qué algarabia en el neumático
mudando la piel inerme!
La garganta no es de la noche,
aunque la Luna de lágrima incolora
destapa su ojo estrambote.
Baten, en el pecho mustio,
con fuerza, las alas sin llave;
la libélula contonea
los círculos que no son llama,
en forma de nueve mágico.
Sé donde se amaga la verdad
pero no voy a decirlo tan fácil;
en un recoleto gato verde,
una pista del beso que no tendrás...
Dispáradnos más envidia de oro,
más cetros desde las movedizas,
sólo queda dormir en conservas.

22 de diciembre de 2010

episodio

Misantropía de mariposas huecas
y un oleaje de Plata sin reflejo
enfundados en melodía de almohada.
Fuera, aúllan versos los lobos
que acuchillan la noche sin colmillos.
Las ramas de los árboles se consumen
en caladas muertas del viento
y la madrugada quiere expirar en ocaso.
No venden amor en escaparates;
detrás del cristal, la tela es mendiga
y aunque no sabe, ansía dejar caer
pedazos de agua surcando el vidrio.
En cada hostal raído de engaños,
en cada carretera olvidada,
en cada mueca de traición nocturna,
el destino con sábana fantasmagórica,
sonríe escribiendo un final tránsido.

21 de diciembre de 2010

"Celos"

Tú, que eres placenta y cruz,
que destripas lentamente ojos...
tú, que eres nudo de espejos opacos,
ladrón de hálitos, estertor,
hilo de oxígeno que zafa las sombras.
Tú eres antítesis, hipérbole,
grito que hermana el drama y la tragicomedia.
Eres disfraz desnudo, tú cuchillo,
tú imaginación de cortinas rojas.
Tú, que barres los conjuros
amontonándolos en los rincones;
tú que eres arrebato sin párpados
haces que se suiciden las fórmulas.
Tú, que eres cuero de masoquista,
una raya en mesa de dos,
tú, que estás en los mil millones
de locos cruzando carreteras solas.
Tú, que eres papiroflexia,
y pinchas las yemas de todas las formas...
Tú, que eres, el espacio entre dos cuerpos.
no sé aún divagar en tu dicotomía
sin pasarme el doble filo por los labios.

20 de diciembre de 2010

Alba

Que no nos quiten nuestro juego;
tú y yo, yo y tú salpicados de llamas
en un reguero de hilo cimbreante,
donde no hay clepsidra que mida el tiempo
de nuestro No Quiero Perder...
Hazme trampas sin amnistía, peca
y déjame la boca de jirón suplicante.
Sé, en la sombra china del panteón,
en la lívida esquina blanca y ajada del iglú,
silueta de ballesta, procaz curva felina...
Enséñame a esperar el eclipse
sin arroparme aterido con un mohín
que asesinaría el horizonte.
Deja que sea ávido aviador sin reactor
abriendo el asfalto de cremalleras mudas.
Vamos a Ver Quién Hiere Más
es otro episodio de ensartarse,
de coger el alfiler que sositiene el cielo.
Y yo, quiero ser metálico y no epidemia,
ser camaleón de sonrisas,
pintar el sonido de tus besos anónimos.
.

18 de diciembre de 2010

Acaricio

Acaricio las cuerdas de la noche,
como una guitarra que llora
punteándose los nervios,
en un "solo" que acompaña la lluvia
y no es clave de Sol mustio
ni sueño de herraduras muertas;
siempre es suerte de lanza.

17 de diciembre de 2010

Escalada inversa.

Luego, cuando has bebido fuego
tantas veces que ya te hiela el sabor,
cuando admites hipotecar sueños,
cuando los pájaros vuelan hacia abajo
y buscas en la manga del universo
la carta, el as, el impulso, el tigre...
No. Nada. Ni el aire respiras.
Luego, cuando recuerdas el desierto
regado de llantos, el nervio errante
y un telón de muerte y no de teatro
que cubre su último gesto...
Tampoco. Nada. Ni el aire respiro.
Al final te das cuenta, aspiras...
y balanceando en la punta flácida,
fétida, quejumbrosa y retorcida,
repites derrotas sin árbitros vendidos,
intentas no besar la lona de los problemas.
Luego, esculpo en mi cráneo inane
ventanas góticas y lechos lóbregos...
devoro páginas y conduzco anti estrés.
Luego, cruzo a la enésima potencia
la zancadilla del surrealismo obsoleto;
una línea entre álabes que intentan limarme
si ella no me abraza en mi dulce caída.

16 de diciembre de 2010

Del despertar...

Del  despertar límpido y frugal
no quedan ya ni las horas,
¿a qué horizonte, sobre qué mar
planchado sonríen hoy los amaneceres?
El espejo me ha robado la cara
y a cambio me da dos mapas del mundo
y unas ojeras de ir en bicicleta.
Ya no busco vagones soñolientos
después de escabullirme de la tela de araña
y arrancar las sábanas insolventes del corazón.
El abrazo oscuro de la noche cobija
a todos los dientes que mascan versos
y los escupen como el tabaco de antes.
No me acuerdo de cómo bosteza
el primer paso de las siete de la mañana
ni cómo mascullaba y declinaba excusas
para perderme en una espiral.
Aparecen destellos, subtítulos, negativos
de las imágenes cetrinas, abiertas en canal.
No me siento mejor; menos vivo.

15 de diciembre de 2010

Como

¡Cómo retumba la sórdida ausencia
en el mercurio que sodomiza las venas,
en las irreconciliables heridas de la marea,
en cada cartel publicitario de carretera...!
¡Cómo aturde el blanco y negro
en las ventanas vacías que miran con decoro
hacia un vertiginoso rincón de guillotina!
¡Cómo sueñan los kilómetros con ser acordeón,
con ser elásticos flecos de melancolía...!
¿Cómo laceran, cómo cercenan
las legiones y las huestes decapitadas,
cómo extirpan tan cándidas bocas azules
bajo la ley del ahora, el imperio del presente?
¿Cómo amasan los labios subrepticios
el éter que se dibuja en los recodos de Babel?
¿Cómo vacías la histeria sólida del estómago?
¿Cómo quitarse el odio de las cuencas de los ojos?
¿Cómo no aclamar el sexo de una idea?
¡Cómo amo, cuánto quiero, cuánto debo
a ese recóndito placer fucsia de ojos verdes!

14 de diciembre de 2010

Fotograma de noche

La Luna azota relámpagos tuertos
y espinas de gargantas en responsos mudos;
aúlla el colmillo díscolo de la noche,
penetra la zarpa de oscuridad líquida.
Luego vendida, en las afueras, la noche
desnuda, usada, empapada de soledad,
barre el pálido porvenir de aceras ciegas,
inmunes a las dagas que siempre despiertan.
Cuando las luces embrión y las sombras
se convierten en reloj del tiempo ido,
en un vuelo que pinta al óleo la ciudad,
aparece una imagen abyecta y mordaz.
Después de ser lengua, cobra vida la noche
mientras la rata busca un plácido despertar
ruge el estruendo de los leones
en la selva de alquitrán que subyuga abandonos.
La noche ya es lluvia vomitada
sobre un las huellas de tacones sin amor;
la noche ya ha sido sexo, transparente, magia...

13 de diciembre de 2010

Ya me han herido...

Ya me han herido lenguas hostiles,
sin afrentas,
sin corazas ni corajes de hormigón;

su regazo es sepulcro
de mi anónimo llanto agorero;
su labio desenfunda un fatídico
silencio
que aúna vuelos y cielo en él.

Con el camión de la basura
se van mis escasos y últimos intentos.

Nací en la pavesa de lágrimas
que forjaban a hierro
súplicas de un testamento;
sabores de cuerpos
que suenan a desvelo de madrugada.

Ni supe, ni sé

Relegado al asfalto, al humo,
a la arpía de uñas largas, malévola:
la melancolía, la desidia...
enfundado en cápsulas umbrías,
aspirando los tímpanos
que retozan entre los escombros;
no aprendí a inventar fábulas
en las nubes, siempre fui probeta
que disparaba sus ojos ávidos
sin poder alzar ni los pies
ni dibujar una promesa en el polvo,
porque me quedaba en la soledad,
en el reflejo, en la discusión,
en el lance férreo de pupilas
que se dicen y se esconden a la vez,
me quedaba en callejones y áticos.
Tampoco supe escudarme en el opio
y el trapecio pecaminoso de la noche
ni ser Cesar Augusto ni Nerón supe,
en un mundo de plastelina.
Yo, a tientas contra el silencio,
en un duelo de héroes y alcantarillas,
de ojos invadidos libando mis heridas.
Mis dientes chirrían,
como un frenazo de ultimátum,
alegando mi (poco) honor sigo firme,
aunque tengo el alma exangüe.
Me pido perdón, te pido perdón.

12 de diciembre de 2010

Zurciendo los resquicios...

Zurciendo los resquicios
de un agujero negro sin libélulas,
asgo con ocho patas arácnidas
las últimas esperanzas de seda,
las caricias que traspasan la piel.
Colgado en las costuras de inhóspitas
esferas de tiempo,
me siento fuera de la historia
dejando colgar las piernas al universo,
dejando caer en espiral desbocada
los nudos que me atan al puerto.
Bajo la lluvia gélida de luz de un faro
que respira gaviotas y olas...
soy abrazo, un sollozo de sal.
Quiero adornar con recuerdo de niñez
 un pétreo letargo y despertar pétalo;
quiero empañar con sus cálidos besos
las ventanas que asustan el pasado,
quiero arder de risas y abanadonar
los apócrifos genes de vómitos.

10 de diciembre de 2010

El mañana.

El mañana describe una nebulosa
de incógnitas y parábolas de misterios sin sombra,
una horda de adagios armados
que prodigan el silencio a carcajadas volubles.
Desde el vértice todo se difumina:
las caras y las máscaras de visajes prófugos,
las palabras que pulen su asta
y  los sueños bajo arcos de herradura
que reinventan las princesas de sangre fucsia.
Vesánico y lleno de honor medievo,
amartelado con los besos que le doy al espejo,
filigraneo sin malabares, parafraseo mis olvidos,
me marcho de las constelaciones y conspiraciones.
Yo soy yo, y tú también, y nadie más.
Ni artífice ni artificial, ni gladiador ni épico.
El mañana es una serpiente sin paraíso
que muerde la caligrafía de tu nombre...

9 de diciembre de 2010

Retrovisión

I
Tras engullir sin oprobio
los rozagantes delirios y estertores
de la perfidia susurrante y el tridente
de cabezas de minotauro ciego,
la noche escribió una Uve en sus largas piernas.

II
Abrió Alejandría y Egipto,
el bullicio de una Atenas principio y fin;
y las meretrices pintaron con sangre noble
una Uve en sus piernas de escaparate.

III
Diez almenas de luz en cuarentena,
de ciudades en el recuerdo sinusoso de la tinta,
mareadas en las vueltas de algún pergamino.
Sobre los sembrados yacen
los que perecieron vomitando sangre azul.

IV
Póker de ochos, paganos e infames;
genios en un pútrido cobijo amantado
por los misterios que huyen de la cruz.
Horcas que exhiben el esplendor amarillento
y glauco de calderos que hechizan la monotonía.

V
Baja el telón del universo: se despide.
No me urge el antídoto que me inculcas,
sólo necesito errar al viento de ánforas,
a dórico mundo para recoger de las alfombras
bocanadas de oxígeno y pintar en los ojos
de la urbe, una Uve que delate el dólar.

8 de diciembre de 2010

Nunca supe hablar...

Nunca supe hablar
de las tres vueltas de tuerca,
ni de las helípticas formas
de los tiempos que me rodean.
Nunca supe reparar un violín
y no enredarle los sonidos;
no entendí bailar en el agua.
Aun menos intenté levitar
en el hediondo y flojo cuadro
torcido de las tinieblas desabridas.
Probé a zafarme de los golpes tornado,
de la endémica pandemia moda;
algún éxito de mendicidad cándida
tuve, sin tener que cortar ojos.
No he sabido (ni sé) ver
los colores del imperio de cristal
que tiene los cielos rosas
y las leyes son unicornios y centellas.
No tengo un bisturí de poeta
para rayar los pétalos y los aromas,
para sustraer los hígados de versos livianos,
lícitos, en un callejón bucólico.
Carezco, soy abstemio de paraisos
en sótanos cochambrosos, ominosos,
desastrosos, apestosos, infecciosos...

7 de diciembre de 2010

Olvidé las simetrías...

Olvidé las simetrías
y los sabores hipocondríacos
bajo lluvia de rayos,
sobre el mar tigre, a rayas;
ahora, tullidos, descansan
los besos, exhaustos, tuyos y míos,
en el lecho de lápida,
donde la soledad abre grietas
y pasean con rifles
por la cuerda  floja.

4 de diciembre de 2010

La quiero...

...porque me besa con fuego de Marte,
y abrazo su efigie de océano venusino;
porque su ira fecunda con la belleza
y en sus ojos quema dos imperios romanos;
porque es cariátide helena y ensoñación dadivosa,
ninfa de encono, gata sobre un tejado
en el páramo copérnico de la noche;
porque sólo agarrándome a los hilos
que destila de sus besos cincelados,
a los labios que desabren espadas de mil ojos,
soy mácara en un harén de sonrisas;
porque aunque airada pruebe a eximirse
de su sombra, sus lágrimas hablan: "abrázame";
porque es metal de rebeldía, un cielo desordenado;
porque su muralla égida no decapita,
por lo melifluo, lo autoritario, lo meticuloso;
porque es musa de la cítara y el silencio:
la quiero.

3 de diciembre de 2010

Me entrego

Tengo a mi vida secuestrada
en el punto de mira,
maniatada, amordazada y un pincel
que besa de negro olvido.
La magia está en el arte de olvidar
las cruces y escurrirte entre la maleza;
pero, ¿en qué dolor me he convertido?
¿En qué pozo, en qué alcantarillas
enturbié mis deseos de volar?
¿Cuándo me sentí no superior,
aunque sí diferente a bloque de hormigón?
No sé qué me hizo pantera,
¿haberte conocido o haberte perdido?
¿Mi escudo es de derrotas
o forjé mi arrogancia en los vítores?
¿Sería capaz de volverme a enamorar?
¿Volvería a ser hombre de armas
remando contra el mundo en la galera?

Las manos en alto, despacio.
Me entrego, ya alegaré cualquier cosa.

2 de diciembre de 2010

Yo antes no...


Yo no quise caer al embrujo
de los gatos, él me pudo;
ella ganó la batalla por jugar en casa.
Fue magulladura felina, rasgo,
tacto que eriza hasta la ausencia.
Yo nunca había robado botines,
ni había escrito versos de noches altaneras,
versos marineros con los músculos tatuados
por la hiel de la sal y las gaviotas
(que ya nunca picarán en popa);
por arrancarlos de su mar. Nunca.
Yo antes no era más feliz
aunque siempre me lo creí;
no sabía ver las palabras
que mordían a la velocidad de la luz
los cabellos de Aquiles.
Ella volvió a ganar, otra vez.
Yo no quise estar en las antípodas
grabando con vodka o licor de rayo
nuestra huella felina en la arena,
bebiéndome el sol oceánico
en una copa de sus labios.
No sabía ni perder ni ganar,
empecé a sembrar mis derrotas
y mis triunfos en el lecho de su patria.
Jamás ansié sólo el chocolate negro
de la noche que escarba rozagante,
ni toqué el terciopelo de su comisura;
no vi antes el sádico mundo azul,
luego ardiendo, luego azul, luego en llamas...
ella me enseñó a quemarme
y a ser Fénix de las memorias.
Yo no quise desenfundar la espada,
robarle la Luna y retar al Sol
a un duelo de aceros blandidos.
¿Qué espada, en qué noche, qué duelo?
Yo, antes, no sabía beberme sus ojos
y aprendí a pedir auxilio sin voz.
Yo, ya hace no sé cuánto,
ni quise, ni era feliz, ni sabía,
ni existía, ni tampoco soñé;

entonces, apareció ella.

Sin ser cínico

Mi canción se masca
bajo una marquesina de diamantes
de alquitrán.
La tragedia no lleva antifaz romántico
en el círculo estigio,
aunque los rostros se le disuelven.
Cuánto cosmopolita de papel en el edén,
cuánto pétalo en el cubo de la basura
y tantos platillos voladores
que desheredan la cocina.
Hay una saeta de marfil
esperando en el trono a su dueño;
se aburre de tanto agurdar
un leve movimiento.
En el olimpo no suenan campanas
y hasta las víboras del camino saben
que la playa se desvanece con el frío.
Se detiene la diástole de las olas,
luego, llueven flechas de arcoiris.
Es difícil reanudar el propósito
sin esmirlarse las puntas de pereza.

1 de diciembre de 2010

Ella no lo querría.

Ya no pinta estrellas de mar
en el tapiz de este acuario de lobos,
ni en las fauces de la guerra sin armas,
ni en azañas de pergaminos raídos.
Después la noche, se le despliega,
como la lluvia, entre su tímido cuerpo,
fantaseando con haber sido metáfora,
o símil de los labios que absorven fuego.

Tres molinos de viento,
y dos gigantes de ojalata podrida
antes de sus labios.
Un foso de caimanes y un volcán,
dos Pompeyas y media elegía,
antes de abrir el cofre del beso.

Nada después de nada.

I
Estoy fumándome los dedos
y en la boca amargo el elixir del viento que huye,
del ayer que me persigue.

II
Alárgame más la trenza,
almenos que pueda ascender
mi orgullo a tu yugular;
déjame en el malmetido espacio
que nos arranca las facciones,
una porción para ungirme dolor.

III
Tengo millones de sueños,
nueve millones de sueños,
y en ninguno los látigos dejan de azotar tu nombre.
En ocho, somos sublimaciones
hetéreas de la palabra prohibida.

IV
Anduve tres horizontes
buscándote donde sólo eras niebla
y rocío.

V
Voy a quemarte un pedazo de cielo,
me da pena
tanto azul hundiéndose en tu pecho.

VI
Escondí fuera de la tierra
mis secretos.
He olvidado el nombre y la esquina,
aunque tú, eres llave maestra.