24 de noviembre de 2010

Sigo

Sigo sin vislumbrar la felicidad
en el cuerpo de una botella;
sin querer dormir en los humos
de una miscelánea que auna
las gracias tan prostituidas.
Sigo en mi filípica de soledad,
funambulista en la cuerda de mi soga.
Sigo estando entre las páginas
imbricadas de libros que no se abren,
en las imágenes de ojos que no miran.
Sigo, verticalmente, el día a día;
orgulloso, si cabe, de mi pureza,
de saber borrar las huellas
que pisaron el cieno, o las que erraron
en elegir otro punto cardinal.
También, de no ser un escualo
en un corral de ovejas masocas.
Sigo en mis diecinueve,
luego mis veinte, y sumando.
Sigo, más que todo, por mera obligación,
en el mar de mis naufragios,
en la carretera donde hablé con dos muertes,
sigo, bajo la luz de la ciudad repugnante.
Sigo, sigo, sigo... en el vacío,
en el universo ralo de su ausencia yerta.

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