19 de noviembre de 2010

Nocturno V

Paralelamente, las manos del olvido
se ensamblan en el valle
que aglutina las heridas del amor.

En medio del desierto azul,
embebecido y retozante por el levitar
tardío de los castillos
de tímida ausencia,
prodigo en diapositivas mis augurios.

He muerto, he vuelto a nacer
y me he ido tres veces seguidas,
dibujando en las paredes, la tristeza
que sale de las estanterías.

Eclipse de besos.

Soy la presa torpe
y fácil de devorar en las arenas movedizas
del letargo de hielo.

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