26 de noviembre de 2010

oda a lo repugnante

El desamparo cabalga en las pantallas,
se viste de rojo, desarraigado,
y absorve, al galope y a  lo lejos,
eso que ya nadie puede recordar.
¿Es carnívora la incultura?
Aluminosis en los cimientos de la moral
de los que aún creen en sus quimeras.
Mañana no será mejor,
seguramente él no se merece más
aunque todos se lo digan; eres lo que tienes.
¿Quién vende su alma al mejor postor?
La muerte te mira de frente,
y no ve sino telarañas, desolación...
te deja como fruto al sol, no se te lleva
del trastero de recuerdos ciudad.
Mientras todos abrís el agujero negro y la boca
sólo tenéis un símbolo de interrogación
que se ensaña en vuetro pecho desértico.
Aguardaréis impacientes, ratas, moscas,
que os digan lo que debéis hacer, obedecer, no pensar.
Mientras, sí, esperas la tierra prometida
sentado en tu nube de salón,
cabalga morbo, desamparo y la injusticia
hendiendo el prado de los verdes,
ya fundiéndose en el horizonte verde,
ahogado en agua tu verde, vuestro verde,
y su caballo se convierte en sonrisa malévola.
Tú ya has aprendido a no abrir la boca.

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