29 de noviembre de 2010

la verdad

La verdad no es la II Guerra Mundial,
sino sus ojos: azules, rojos, verdes,
presididos por el lloro, el peor de los llantos;
no de dolor, ni tampoco pena. Decepción.
La verdad no es el capitalismo, tampoco el comunismo,
ni el nuevo presidente
que se propone el máximo de lo mínimo;
sino el ahogo, la llama que arde en angustia,
la asfixia por "meter la pata" hasta el cuello
y ahogarse en las Bermudas de los fracasos.
La verdad no es alienable,se aprende como la Ética,
Es una alhaja, la recompensa interior,
no un pamfleto revolucionario o una manifestación activista.
La verdad que busco,
no es un poema ni un manifiesto existencial,
ni tampoco la escala cromática de valores;
sino la verdad que estaba en la arena,
la que colgaba de los besos acantilados,
la de las tardes en el ártico,
sentados entre osos polares y bloques de hielo,
sin rimbombantes suntuosidades
que hacen sangrar el hambre.
Sólo es un enigma, el interrogante,
la X de mi vida de la ecuación que no aprendí;
la que he extraviado
detrás de mi poca dignidad.

(Quizá la tenga ella, o la haya machacado ferozmente
contra las vías que exilian la alegría,
a 200km/h, destripada y moribunda, auxiliada en los recuerdos,
en algún lugar entre mi vergüenza y Valencia.)

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