28 de noviembre de 2010

He vuelto a nacer

I
Hoy he vuelto a nacer.
En el sofá de mi salón vorágine,
viendo la televisión de sueño mermado.
He vuelto a nacer.
En un fotograma tan prosáico,
rayano a lo depresivo y trivial,
he vuelto a nacer;
un poco más viejo, pobre,
incluso más feo, he nacido hoy, otra vez...

II
A mis diecinueve años,
de nuevo, expulsado al mundo,
hipnotizado, un blanco fácil,
la servilleta de papel usada en el suelo.
Volviendo al final del túnel, pero sin luz.
Desheredado, sin genes ni Darwin,
sólo con mi alma de lágrimas,
viendo las banderas en los tejados
opulentas, orgullosas, eufemismos del billete.

III
Ahora, estando nuevamente en el mundo,
sé que la vida es un contrato de aspiraciones.
Eres hijo de... puedes llegar a...
tienes tanto... consigues cuanto...
La vida es una mentira
que no se cree ni las paredes,
una condena dibujada en forma de rosas
en los hombros que soportan el yugo,
un futuro de dinosaurio. Petróleo.

IV
Me olvido de las conspiraciones centenarias,
de altos cargos vampíricos
y de las reuniones donde beben sangre plebeya.
Me olvido de respirar,
ser ameba entre la masa,
célula, fibra que no piensa en no pensar;
hormiga mediática en la suela de una bota,
colmillo de un tacón de aguja.

V
Hoy, que ya hace un rato que he nacido,
habiendo llorado mi pasado, mi otra vida,
envidio y ansio la elegancia poética del felino,
la simpleza de su caminar,
la tranquilidad de su gesto inmutable,
la facilidad, la gracia y gallardía
para escalar y encumbrar los muros
que ahogan mi primer día
que ya camina hacia la nocturnidad,
después de volver a nacer.

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