25 de noviembre de 2010

¿Cuándo?

¿Cuándo dejaré de odiarme?
¿Cuándo seré invisible a las dagas
que descosen la trenza de la suerte?
¿Cuándo será, que la ondulada muerte
en la intemperie no sea un recíproco
lamento de algodón?

¿Cuándo dejaré de sentir
que mi boca es la mecha, la deflagración,
y sus tristezas lacónicas son Hiroshima?

¿Cuándo escaparé de Troya?
¿Cuándo escupiré, al fin, otro vesaje de metal,
y las armas y los escudos yacerán
junto al silencio de una sombra?

¿Cuándo pisaré Ítaca, o la Luna?
sólo en el anillo de la concordia, me conformo.

¿Cuándo, la pérfida melancolía,
enredadera, serpiente o embrujo medieval,
dejará de cruzar la pantalla,
huirá de la luz, como huyen mis palabras severas,
evitará mis labios, como evito una disputa,
cuándo dejará que el dolor sea físico?
¿Cuándo podré abrir los ojos y despertar?

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