18 de noviembre de 2010

Nocturno III

1
Pereciendo en la yacija
de mis no actos e intentos fallidos,
bebí la cicuta de su labios.

2
La noche estrellada:
un soneto de amor,
un beso que no se atraganta
y un mar vesánico sin aristas entumecidas.

3
¿Qué tumor o palabra maldita
escupes en el lienzo de tu ensueño?

4
Hay sólo un instante,
efímero e insípido,
en que parece que la noche de perlas
brille con el mismo dolor fatuo;
que se pare un milisegundo.
Y ahora mismo reposo mis retinas sobre él.

5
Sé que ella es feliz así,
y yo soy frío y cristal, y lloro...

6
También sé que me quiere.
pero no quiero dibujar el ridículo deseperado
en cartas a mi alma.

7
Que desencanto nubil
se enmascara, cual cielo sonrojado,
si cristalizas las derrotas.

8
No salvaré el mundo -ni mi vida-
con mis versos de plata.

9
Prefiero morir en el ácido sabor
del limón de su lengua,
que envidiar
la falsa y tórrida imagen patética
del te quiero porque me quieres.

10
Siendo zafio, bajuno y rancio,
aun escribiendo dragones y vikingos,
la querré, la quiero, la quería.

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