30 de noviembre de 2010

El valor de la camiseta.

Después del circo y el pan,
cuando baja la marea
y relucen a la vista los colmillos y los elefantes,
tras la hecatombe borreguil masiva,
los baños de gritos
y después de apagar el fuego del dragón blanco.
Reflexiono.
En el campo ni blanco ni negro.
Sólo una camiseta, un escudo, una condena.
Más cerca ando de encontrar la pócima
de la eterna juventud
que hallar la causa del por qué tantas diferencias
por la etnia de la camiseta.
Del limbo eufórico a la histeria,
del abrazo a la repulsión ingrata.
¿Acaso es un sentimiento paróxico,
o un viaje paradójico entre el dolor y el placer?
Yo no me enfundo en colores,
no me arropo ni desangro por banderas...
veo en blanco y negro
como las películas de hace muchos egos y noticias.
Así que, al término de los 90 minutos
más codiciados del año,
los que se han llevado más ojos y más palabras,
los de "lo olvido todo", los de la lágrima;
los de pararse cinco veces el corazón en cada capital,
después de adivinos, conjeturas, bolas de cristal
y colas de ratas diseccionadas,
sólo quedan las alegrías y las penas en las colillas,
debajo de las mesas, pisadas,
y se baja el telón: medio mundo ya es más feliz.

29 de noviembre de 2010

la verdad

La verdad no es la II Guerra Mundial,
sino sus ojos: azules, rojos, verdes,
presididos por el lloro, el peor de los llantos;
no de dolor, ni tampoco pena. Decepción.
La verdad no es el capitalismo, tampoco el comunismo,
ni el nuevo presidente
que se propone el máximo de lo mínimo;
sino el ahogo, la llama que arde en angustia,
la asfixia por "meter la pata" hasta el cuello
y ahogarse en las Bermudas de los fracasos.
La verdad no es alienable,se aprende como la Ética,
Es una alhaja, la recompensa interior,
no un pamfleto revolucionario o una manifestación activista.
La verdad que busco,
no es un poema ni un manifiesto existencial,
ni tampoco la escala cromática de valores;
sino la verdad que estaba en la arena,
la que colgaba de los besos acantilados,
la de las tardes en el ártico,
sentados entre osos polares y bloques de hielo,
sin rimbombantes suntuosidades
que hacen sangrar el hambre.
Sólo es un enigma, el interrogante,
la X de mi vida de la ecuación que no aprendí;
la que he extraviado
detrás de mi poca dignidad.

(Quizá la tenga ella, o la haya machacado ferozmente
contra las vías que exilian la alegría,
a 200km/h, destripada y moribunda, auxiliada en los recuerdos,
en algún lugar entre mi vergüenza y Valencia.)

28 de noviembre de 2010

He vuelto a nacer

I
Hoy he vuelto a nacer.
En el sofá de mi salón vorágine,
viendo la televisión de sueño mermado.
He vuelto a nacer.
En un fotograma tan prosáico,
rayano a lo depresivo y trivial,
he vuelto a nacer;
un poco más viejo, pobre,
incluso más feo, he nacido hoy, otra vez...

II
A mis diecinueve años,
de nuevo, expulsado al mundo,
hipnotizado, un blanco fácil,
la servilleta de papel usada en el suelo.
Volviendo al final del túnel, pero sin luz.
Desheredado, sin genes ni Darwin,
sólo con mi alma de lágrimas,
viendo las banderas en los tejados
opulentas, orgullosas, eufemismos del billete.

III
Ahora, estando nuevamente en el mundo,
sé que la vida es un contrato de aspiraciones.
Eres hijo de... puedes llegar a...
tienes tanto... consigues cuanto...
La vida es una mentira
que no se cree ni las paredes,
una condena dibujada en forma de rosas
en los hombros que soportan el yugo,
un futuro de dinosaurio. Petróleo.

IV
Me olvido de las conspiraciones centenarias,
de altos cargos vampíricos
y de las reuniones donde beben sangre plebeya.
Me olvido de respirar,
ser ameba entre la masa,
célula, fibra que no piensa en no pensar;
hormiga mediática en la suela de una bota,
colmillo de un tacón de aguja.

V
Hoy, que ya hace un rato que he nacido,
habiendo llorado mi pasado, mi otra vida,
envidio y ansio la elegancia poética del felino,
la simpleza de su caminar,
la tranquilidad de su gesto inmutable,
la facilidad, la gracia y gallardía
para escalar y encumbrar los muros
que ahogan mi primer día
que ya camina hacia la nocturnidad,
después de volver a nacer.

26 de noviembre de 2010

oda a lo repugnante

El desamparo cabalga en las pantallas,
se viste de rojo, desarraigado,
y absorve, al galope y a  lo lejos,
eso que ya nadie puede recordar.
¿Es carnívora la incultura?
Aluminosis en los cimientos de la moral
de los que aún creen en sus quimeras.
Mañana no será mejor,
seguramente él no se merece más
aunque todos se lo digan; eres lo que tienes.
¿Quién vende su alma al mejor postor?
La muerte te mira de frente,
y no ve sino telarañas, desolación...
te deja como fruto al sol, no se te lleva
del trastero de recuerdos ciudad.
Mientras todos abrís el agujero negro y la boca
sólo tenéis un símbolo de interrogación
que se ensaña en vuetro pecho desértico.
Aguardaréis impacientes, ratas, moscas,
que os digan lo que debéis hacer, obedecer, no pensar.
Mientras, sí, esperas la tierra prometida
sentado en tu nube de salón,
cabalga morbo, desamparo y la injusticia
hendiendo el prado de los verdes,
ya fundiéndose en el horizonte verde,
ahogado en agua tu verde, vuestro verde,
y su caballo se convierte en sonrisa malévola.
Tú ya has aprendido a no abrir la boca.

25 de noviembre de 2010

¿Cuándo?

¿Cuándo dejaré de odiarme?
¿Cuándo seré invisible a las dagas
que descosen la trenza de la suerte?
¿Cuándo será, que la ondulada muerte
en la intemperie no sea un recíproco
lamento de algodón?

¿Cuándo dejaré de sentir
que mi boca es la mecha, la deflagración,
y sus tristezas lacónicas son Hiroshima?

¿Cuándo escaparé de Troya?
¿Cuándo escupiré, al fin, otro vesaje de metal,
y las armas y los escudos yacerán
junto al silencio de una sombra?

¿Cuándo pisaré Ítaca, o la Luna?
sólo en el anillo de la concordia, me conformo.

¿Cuándo, la pérfida melancolía,
enredadera, serpiente o embrujo medieval,
dejará de cruzar la pantalla,
huirá de la luz, como huyen mis palabras severas,
evitará mis labios, como evito una disputa,
cuándo dejará que el dolor sea físico?
¿Cuándo podré abrir los ojos y despertar?

24 de noviembre de 2010

Sigo

Sigo sin vislumbrar la felicidad
en el cuerpo de una botella;
sin querer dormir en los humos
de una miscelánea que auna
las gracias tan prostituidas.
Sigo en mi filípica de soledad,
funambulista en la cuerda de mi soga.
Sigo estando entre las páginas
imbricadas de libros que no se abren,
en las imágenes de ojos que no miran.
Sigo, verticalmente, el día a día;
orgulloso, si cabe, de mi pureza,
de saber borrar las huellas
que pisaron el cieno, o las que erraron
en elegir otro punto cardinal.
También, de no ser un escualo
en un corral de ovejas masocas.
Sigo en mis diecinueve,
luego mis veinte, y sumando.
Sigo, más que todo, por mera obligación,
en el mar de mis naufragios,
en la carretera donde hablé con dos muertes,
sigo, bajo la luz de la ciudad repugnante.
Sigo, sigo, sigo... en el vacío,
en el universo ralo de su ausencia yerta.

23 de noviembre de 2010

E L L A

Es fácil ver en sus ojos desmembrados
la apabullante cascada cristalina,
perseguir las náyades y libélulas
que acompañan su pelo de ancla volátil.
No hay misterios, ni arcas de madera pirata,
en el afán de sorber el vino endulzado
que yace en la cuna de sus besos;
el licor que, tras dos centurias de hoplitas,
guarda en la misantropía de su cuerpo.
Sin ojos de desierto no puedes
encontrar el gato bailando en su silueta,
desgranar la noche en fotogramas de sonrisa
y afilarte las yemas de los dedos
preparando el tacto eléctrico...
Qué empresa de vértigo,
trepar hasta las alturas de su beneplácito,
lanzarse, sin cuerdas, al vacío de estatua,
hacer la autopsia a su jadeo.
Es difícil. Ella lo es. Yo lo soy.
Y tras las ramas que me arropan
de la noche de chocolate, 
en la circumbalación de su alcoba...
me enamoro de ella.

22 de noviembre de 2010

Soneto solo

Solo, sólo en esta ciudad minada
de nostalgia que evoca sueños rotos,
solo, regento cábalas de locos
si huyen luciérnagas de tu mirada.

Sólo en la dádiva de boca de hada,
tu boca, nace el fulgor donde broto.
Solo en la polis, mustio e ignoto
desdeño de mi soledad clavada.

Sólo siendo una treta en el destino,
solo, sin ambrosía, con simpleza,
baño mis besos. Tu beso divino,

se esconde abstracto entre la maleza,
las hojas, las lunas. Y en pergamino
escribo lo que mi soledad reza.

Noctámbulo

1
Aprendí a caminar
en la caligrafía de sus ojos.

2
El "todo al rojo"
que vive en los ímpetus y las paredes
es otro sinónimo del actual "carpe diem" futil.

No entiendo nada.

3
Copias narcisistas
y maniquíes barrocos
entre el gentío.

4
Los espejos toman forma de amigo,
según quién se mire en ellos.

5
Yo sólo estaría viviendo
en los confines de sus labios,
hasta perder las estrellas de vista
y olvidar el hedor de ser otro más o otro menos.

6
(Escribo por la inercia
del impulso de verla)

7
Aunque la crápula noche
amotine en la distancia los deseos,
aunque divague sin disfraz,
ni sin tres matices de sonrisa
para combinarlas con mi ropa;
me siento afortunado...

8
O es muy tarde, o el tiempo se ha desordenado.

Tendré que recoger los pedazos
de mi vida
y abandonarme al correr vertiginoso,
a morir en la liza del corazón


9
Yo sueño en blanco y negro.
Ella en dibujos policromados.

19 de noviembre de 2010

Vestigio

1
A punto de abrirse las puertas
del mañana en sus ojos.

Las telarañas abrazan la noche
mientras se oye de fondo un palpitar
que surca en mis sábanas vacías.

2
Se derriten en la cruz
de los sueños que reverberan,
los naufragios y mástiles que nos separan.

3
Esbozos polvorientos acarician
los suelos de mi mente,
y su cuerpo llora en páginas
y lágrimas de perlas.

4
La nada es basura.
El amor es espejo del alma.

5
En un torbellino desorientado,
sin color ni oleaje
armo las pupilas y me afilo los colmillos
para mirarte y rasgar
las esquinas de tu silueta.

6
Cayendo en espiral dilatada,
la noche en un agujero negro en deliquio.
Desdeño, vagabundeando, de la fortuna

Nocturno V

Paralelamente, las manos del olvido
se ensamblan en el valle
que aglutina las heridas del amor.

En medio del desierto azul,
embebecido y retozante por el levitar
tardío de los castillos
de tímida ausencia,
prodigo en diapositivas mis augurios.

He muerto, he vuelto a nacer
y me he ido tres veces seguidas,
dibujando en las paredes, la tristeza
que sale de las estanterías.

Eclipse de besos.

Soy la presa torpe
y fácil de devorar en las arenas movedizas
del letargo de hielo.

Anécdota

Dos señoras, de faz semejante a un bull dog cabreado, charlan cuchicheantes sobre los grandes problemas que abarca la sanidad pública. Me quedo atónito al ver la mutación anatómica que ha sufrido una de ellas; en la zona donde los humanos enlazan su cabeza con el cuerpo (cuello) ella tiene una espécie de robustez indeformable que oprime su gesto. La presión que ejerce, de abajo hacia arriba, propicia que los ojos de la mujer, de ya entrada edad, estén a punto de salpicarse al exterior.
Así pues, en la sala de espera de un centro de asistencia primaria, aguardamos, yo, las señoras malhumoradas y otros usuarios, la ansiosa llamada del médico que nos invita a confesarle nuestros males. Sólo turba la expresión esculpida en la cara de las dos amigas a un esperpento de sonrisa, el llanto desconsolado de un niño (o niña, ya que a tan temprana edad no se distingue a simple vista). Los gritos sórdidos del niño (o niña) propician un atisbo de alegría vil en el rostro de las señoras.
Anonadado aún por la escena, pensad que yo siempre había oído eso del instinto maternal... sigo con mi pose de desinterés pero sin perderme ni un instante de lo que ocurre, ora jugando con el móbil, ora leyendo el "Diario Médico" (que se arrastra desde Septiembre por ahí), en definitiva: metido ya en el papel de espía. (¡Oh no, películas americanas me habéis destrozado la vida, siempre buscando embrollos y secretismos en las simples y llanas honradas vidas de la gente!) Sumido en un profundo análisis de la situación, de los movimientos y las expresiones de las señoras, como si de un momento a otro fueran a sublevarse a quitarse las mácaras y los disfraces y protagonizaran una masacre de la cual sólo yo, por mi avidez y astucia, pudiera salvarme, erro. Me descubren, y las dos con un vesaje aterrador avalanzan hábiles sus miradas hacia mí. Me esfuerzo al máximo para hacerles creer lo que no es, pero seguramente ellas han visto más películas que yo, sumándole programas del corazón y telenovelas que ya se puede considerar entrenamiento especial intensivo, y no me quitan ojo de encima. Mi capacidad de interpretación, vista desde fuera es excelente, concentrado en mi teléfono quién puede pensar nada malo de mí, pero la intimidación de sus miradas clavadas como dos tenedores es difícil de conllevar. Justo en ese momento, se abre la puerta de la consulta y sin saber si era su turno, antes de que la doctora pueda mediar palabras con nadie, ya están dentro de la consulta. Mientras espero mi turno, ya aliviado, me entretengo en mirar la gente que, como yo, espera el momento de vomitar sus males, como un torrente feroz.
El tiempo pasa, y las mujeres no salen de la consulta. ¿Habrán puesto en marcha su plan desde dentro?¿Se estarán comiendo a la pobre doctora?¿No tendré turno y tendré que volver a pedir hora de visita y volver otro día? Ésta última es la que más me aterra, y cuando ya tenía avistado otro personaje sobre quién aplicar mi análisis, sonrientes, alegres salen por la puerta las dos señoras acompañadas por la doctora y se van, no sin antes dedicarme una mirada de desprecio como si fuera un paria, mientras que una de ellas se enrolla un pañuelo al rededor de su ¿cuello?¿alien?
Por fin es mi turno, entro en la consulta, y después de una amena charla con la doctora, quién me invita a irme al psicólogo, salgo y me voy para mi casa, no habiendo antes pasado por la farmacia.

*Quién haya tenido la voluntad y la paciencia de leer esto seguramente me odiará, pero tenía ganas de escribirlo.

18 de noviembre de 2010

Soneto

¿Quién es la cariátide que domina
con garzo mirar y tono holístico,
amazona del mundo helenístico
que azarosa el porvenir vaticina?

¿Quién es ella, con alma peregrina,
prosopopeya de un beso místico,
con esbeltez  rayana a lo artístico
y tacto que dientes y sueño afina?

¿Quién es, un absurdo sueño o grandeza,
rescoldo frío o sombra de belcebú,
artificio o sólo naturaleza?

¿En qué erótica alquimia sin tabú,
en qué sexo abandona la cabeza?
-¿Quién soy?- me pregunta, yo respondo- Tú.

Delirio

Las imágenes se suceden
en este dintel abierto al mar
de recuerdos y acuciados presagios,
nuevos augurios y sensaciones
que se enclaustran
entre los rayos desenfocados
de una moribunda pasión recoleta.
Caras felices, mendaces,
que denotan un llanto oprimido
que vive agonizando
en el cáustico oleaje de tu pecho.
El amor agraz,
crudo, desdeñado y absorto,
entumecido e intentando renacer
a cada nuevo lunes de plegarias,
es una falacia dormida.
La noche rueda en una vorágine ciclópea,
se apea en los rincones desiertos
de tus sábanas frías por la ausencia,
la soledad y el silencio del abandono;
y sólo entonces, y ni siquiera ahora,
quieres morir.
¿qué estimas tanto?

Nocturno III

1
Pereciendo en la yacija
de mis no actos e intentos fallidos,
bebí la cicuta de su labios.

2
La noche estrellada:
un soneto de amor,
un beso que no se atraganta
y un mar vesánico sin aristas entumecidas.

3
¿Qué tumor o palabra maldita
escupes en el lienzo de tu ensueño?

4
Hay sólo un instante,
efímero e insípido,
en que parece que la noche de perlas
brille con el mismo dolor fatuo;
que se pare un milisegundo.
Y ahora mismo reposo mis retinas sobre él.

5
Sé que ella es feliz así,
y yo soy frío y cristal, y lloro...

6
También sé que me quiere.
pero no quiero dibujar el ridículo deseperado
en cartas a mi alma.

7
Que desencanto nubil
se enmascara, cual cielo sonrojado,
si cristalizas las derrotas.

8
No salvaré el mundo -ni mi vida-
con mis versos de plata.

9
Prefiero morir en el ácido sabor
del limón de su lengua,
que envidiar
la falsa y tórrida imagen patética
del te quiero porque me quieres.

10
Siendo zafio, bajuno y rancio,
aun escribiendo dragones y vikingos,
la querré, la quiero, la quería.

Nocturno IV

1
La torre desde donde
avistaba las conquistas y las inmersiones
en inhóspitos recovecos,
sucumbe a la gravedad jocosa.

2
Esas dos señoras bull dog
aún me aterran en el recuerdo.

3
El rey de mi gozo ha abdicado.
¡Adios!
Y en la manos,
el premio de poderlas
intrducir en los bolsillos
y paliar el frío.

4
Los pájaros de fuego
mitigan la existencia derrengada
en un vuelo paradigmático.
Ideas soliviantadas.

5
En los confines más estrambóticos
de la dicotomía del amor,
tus ojos de primavera
cuelgan
sobre el espejo de la madrugada.

6
La noche de hoy es para el llanto,
para encarcelarte
en un cubo de Rubik desordenado.

7
Me están echando
de la tierra los prejuicios.

8
La silueta noctámbula
traza el dédalo urbano
que converge en tus labios...

9
El interrogante y su sigilo sepulcral,
seguridad soberana,
ojos de arcoiris y pose gallarda.

10
El gato concluye el telón
de la noche.