29 de diciembre de 2010

El acróbata

El acróbata está en la calle
empuñando dos recortadas sin temblar;
corbatas ondean por el pánico
cuando el cristal es anodino y frío.

Los ojos ensartados en el pecho,
la altura aguanta impertérrita...

...y un envoltorio de regalo
traza una diagonal perfecta, impoluta,
rompiendo la sábana del tiempo.

El acróbata está en la calle,
y el loco, y el mago, y él... también;
todos somos un poco de cada uno,
blandiendo cimitarras y dientes escualos,
para eximirle todo el sabor a la vida.

27 de diciembre de 2010

0001

¿Qué se amaga en el vagón de óxido?
¿Acaso la receta perenne
que liba los días amañados?
No recuerdo la felicidad en blanco y negro,
tampoco las flamígeras polillas
me llenan un plato de memoria.
Símil de mi locura: saco de boxeo.
Arena y odio en su interior
y una cara sin sombras ni picos.
Símil del amor: "knock out"
No voy a ahogar mi voz de hilo
por el peso de otras bocas a su espalda.
Yo no soy unos ojos, a veces una voz;
ocasinalmente unos puños,
entonces lleno las "kalendas"
de horas extras que extravían cabellos.
A lo mejor, el siguiente paso no es en falso
y atraco la atmósfera al revés:
le entrego todas mis etiquetas.
¿Sería como volver a ser expulsado?

25 de diciembre de 2010

La cola

La cola ya no cimbrea,
mi subconsciente de timbales
vuelve a ensordecer lagartos.
¡Qué peso la oscuridad,
qué algarabia en el neumático
mudando la piel inerme!
La garganta no es de la noche,
aunque la Luna de lágrima incolora
destapa su ojo estrambote.
Baten, en el pecho mustio,
con fuerza, las alas sin llave;
la libélula contonea
los círculos que no son llama,
en forma de nueve mágico.
Sé donde se amaga la verdad
pero no voy a decirlo tan fácil;
en un recoleto gato verde,
una pista del beso que no tendrás...
Dispáradnos más envidia de oro,
más cetros desde las movedizas,
sólo queda dormir en conservas.

22 de diciembre de 2010

episodio

Misantropía de mariposas huecas
y un oleaje de Plata sin reflejo
enfundados en melodía de almohada.
Fuera, aúllan versos los lobos
que acuchillan la noche sin colmillos.
Las ramas de los árboles se consumen
en caladas muertas del viento
y la madrugada quiere expirar en ocaso.
No venden amor en escaparates;
detrás del cristal, la tela es mendiga
y aunque no sabe, ansía dejar caer
pedazos de agua surcando el vidrio.
En cada hostal raído de engaños,
en cada carretera olvidada,
en cada mueca de traición nocturna,
el destino con sábana fantasmagórica,
sonríe escribiendo un final tránsido.

21 de diciembre de 2010

"Celos"

Tú, que eres placenta y cruz,
que destripas lentamente ojos...
tú, que eres nudo de espejos opacos,
ladrón de hálitos, estertor,
hilo de oxígeno que zafa las sombras.
Tú eres antítesis, hipérbole,
grito que hermana el drama y la tragicomedia.
Eres disfraz desnudo, tú cuchillo,
tú imaginación de cortinas rojas.
Tú, que barres los conjuros
amontonándolos en los rincones;
tú que eres arrebato sin párpados
haces que se suiciden las fórmulas.
Tú, que eres cuero de masoquista,
una raya en mesa de dos,
tú, que estás en los mil millones
de locos cruzando carreteras solas.
Tú, que eres papiroflexia,
y pinchas las yemas de todas las formas...
Tú, que eres, el espacio entre dos cuerpos.
no sé aún divagar en tu dicotomía
sin pasarme el doble filo por los labios.

20 de diciembre de 2010

Alba

Que no nos quiten nuestro juego;
tú y yo, yo y tú salpicados de llamas
en un reguero de hilo cimbreante,
donde no hay clepsidra que mida el tiempo
de nuestro No Quiero Perder...
Hazme trampas sin amnistía, peca
y déjame la boca de jirón suplicante.
Sé, en la sombra china del panteón,
en la lívida esquina blanca y ajada del iglú,
silueta de ballesta, procaz curva felina...
Enséñame a esperar el eclipse
sin arroparme aterido con un mohín
que asesinaría el horizonte.
Deja que sea ávido aviador sin reactor
abriendo el asfalto de cremalleras mudas.
Vamos a Ver Quién Hiere Más
es otro episodio de ensartarse,
de coger el alfiler que sositiene el cielo.
Y yo, quiero ser metálico y no epidemia,
ser camaleón de sonrisas,
pintar el sonido de tus besos anónimos.
.

18 de diciembre de 2010

Acaricio

Acaricio las cuerdas de la noche,
como una guitarra que llora
punteándose los nervios,
en un "solo" que acompaña la lluvia
y no es clave de Sol mustio
ni sueño de herraduras muertas;
siempre es suerte de lanza.

17 de diciembre de 2010

Escalada inversa.

Luego, cuando has bebido fuego
tantas veces que ya te hiela el sabor,
cuando admites hipotecar sueños,
cuando los pájaros vuelan hacia abajo
y buscas en la manga del universo
la carta, el as, el impulso, el tigre...
No. Nada. Ni el aire respiras.
Luego, cuando recuerdas el desierto
regado de llantos, el nervio errante
y un telón de muerte y no de teatro
que cubre su último gesto...
Tampoco. Nada. Ni el aire respiro.
Al final te das cuenta, aspiras...
y balanceando en la punta flácida,
fétida, quejumbrosa y retorcida,
repites derrotas sin árbitros vendidos,
intentas no besar la lona de los problemas.
Luego, esculpo en mi cráneo inane
ventanas góticas y lechos lóbregos...
devoro páginas y conduzco anti estrés.
Luego, cruzo a la enésima potencia
la zancadilla del surrealismo obsoleto;
una línea entre álabes que intentan limarme
si ella no me abraza en mi dulce caída.

16 de diciembre de 2010

Del despertar...

Del  despertar límpido y frugal
no quedan ya ni las horas,
¿a qué horizonte, sobre qué mar
planchado sonríen hoy los amaneceres?
El espejo me ha robado la cara
y a cambio me da dos mapas del mundo
y unas ojeras de ir en bicicleta.
Ya no busco vagones soñolientos
después de escabullirme de la tela de araña
y arrancar las sábanas insolventes del corazón.
El abrazo oscuro de la noche cobija
a todos los dientes que mascan versos
y los escupen como el tabaco de antes.
No me acuerdo de cómo bosteza
el primer paso de las siete de la mañana
ni cómo mascullaba y declinaba excusas
para perderme en una espiral.
Aparecen destellos, subtítulos, negativos
de las imágenes cetrinas, abiertas en canal.
No me siento mejor; menos vivo.

15 de diciembre de 2010

Como

¡Cómo retumba la sórdida ausencia
en el mercurio que sodomiza las venas,
en las irreconciliables heridas de la marea,
en cada cartel publicitario de carretera...!
¡Cómo aturde el blanco y negro
en las ventanas vacías que miran con decoro
hacia un vertiginoso rincón de guillotina!
¡Cómo sueñan los kilómetros con ser acordeón,
con ser elásticos flecos de melancolía...!
¿Cómo laceran, cómo cercenan
las legiones y las huestes decapitadas,
cómo extirpan tan cándidas bocas azules
bajo la ley del ahora, el imperio del presente?
¿Cómo amasan los labios subrepticios
el éter que se dibuja en los recodos de Babel?
¿Cómo vacías la histeria sólida del estómago?
¿Cómo quitarse el odio de las cuencas de los ojos?
¿Cómo no aclamar el sexo de una idea?
¡Cómo amo, cuánto quiero, cuánto debo
a ese recóndito placer fucsia de ojos verdes!

14 de diciembre de 2010

Fotograma de noche

La Luna azota relámpagos tuertos
y espinas de gargantas en responsos mudos;
aúlla el colmillo díscolo de la noche,
penetra la zarpa de oscuridad líquida.
Luego vendida, en las afueras, la noche
desnuda, usada, empapada de soledad,
barre el pálido porvenir de aceras ciegas,
inmunes a las dagas que siempre despiertan.
Cuando las luces embrión y las sombras
se convierten en reloj del tiempo ido,
en un vuelo que pinta al óleo la ciudad,
aparece una imagen abyecta y mordaz.
Después de ser lengua, cobra vida la noche
mientras la rata busca un plácido despertar
ruge el estruendo de los leones
en la selva de alquitrán que subyuga abandonos.
La noche ya es lluvia vomitada
sobre un las huellas de tacones sin amor;
la noche ya ha sido sexo, transparente, magia...

13 de diciembre de 2010

Ya me han herido...

Ya me han herido lenguas hostiles,
sin afrentas,
sin corazas ni corajes de hormigón;

su regazo es sepulcro
de mi anónimo llanto agorero;
su labio desenfunda un fatídico
silencio
que aúna vuelos y cielo en él.

Con el camión de la basura
se van mis escasos y últimos intentos.

Nací en la pavesa de lágrimas
que forjaban a hierro
súplicas de un testamento;
sabores de cuerpos
que suenan a desvelo de madrugada.

Ni supe, ni sé

Relegado al asfalto, al humo,
a la arpía de uñas largas, malévola:
la melancolía, la desidia...
enfundado en cápsulas umbrías,
aspirando los tímpanos
que retozan entre los escombros;
no aprendí a inventar fábulas
en las nubes, siempre fui probeta
que disparaba sus ojos ávidos
sin poder alzar ni los pies
ni dibujar una promesa en el polvo,
porque me quedaba en la soledad,
en el reflejo, en la discusión,
en el lance férreo de pupilas
que se dicen y se esconden a la vez,
me quedaba en callejones y áticos.
Tampoco supe escudarme en el opio
y el trapecio pecaminoso de la noche
ni ser Cesar Augusto ni Nerón supe,
en un mundo de plastelina.
Yo, a tientas contra el silencio,
en un duelo de héroes y alcantarillas,
de ojos invadidos libando mis heridas.
Mis dientes chirrían,
como un frenazo de ultimátum,
alegando mi (poco) honor sigo firme,
aunque tengo el alma exangüe.
Me pido perdón, te pido perdón.

12 de diciembre de 2010

Zurciendo los resquicios...

Zurciendo los resquicios
de un agujero negro sin libélulas,
asgo con ocho patas arácnidas
las últimas esperanzas de seda,
las caricias que traspasan la piel.
Colgado en las costuras de inhóspitas
esferas de tiempo,
me siento fuera de la historia
dejando colgar las piernas al universo,
dejando caer en espiral desbocada
los nudos que me atan al puerto.
Bajo la lluvia gélida de luz de un faro
que respira gaviotas y olas...
soy abrazo, un sollozo de sal.
Quiero adornar con recuerdo de niñez
 un pétreo letargo y despertar pétalo;
quiero empañar con sus cálidos besos
las ventanas que asustan el pasado,
quiero arder de risas y abanadonar
los apócrifos genes de vómitos.

10 de diciembre de 2010

El mañana.

El mañana describe una nebulosa
de incógnitas y parábolas de misterios sin sombra,
una horda de adagios armados
que prodigan el silencio a carcajadas volubles.
Desde el vértice todo se difumina:
las caras y las máscaras de visajes prófugos,
las palabras que pulen su asta
y  los sueños bajo arcos de herradura
que reinventan las princesas de sangre fucsia.
Vesánico y lleno de honor medievo,
amartelado con los besos que le doy al espejo,
filigraneo sin malabares, parafraseo mis olvidos,
me marcho de las constelaciones y conspiraciones.
Yo soy yo, y tú también, y nadie más.
Ni artífice ni artificial, ni gladiador ni épico.
El mañana es una serpiente sin paraíso
que muerde la caligrafía de tu nombre...

9 de diciembre de 2010

Retrovisión

I
Tras engullir sin oprobio
los rozagantes delirios y estertores
de la perfidia susurrante y el tridente
de cabezas de minotauro ciego,
la noche escribió una Uve en sus largas piernas.

II
Abrió Alejandría y Egipto,
el bullicio de una Atenas principio y fin;
y las meretrices pintaron con sangre noble
una Uve en sus piernas de escaparate.

III
Diez almenas de luz en cuarentena,
de ciudades en el recuerdo sinusoso de la tinta,
mareadas en las vueltas de algún pergamino.
Sobre los sembrados yacen
los que perecieron vomitando sangre azul.

IV
Póker de ochos, paganos e infames;
genios en un pútrido cobijo amantado
por los misterios que huyen de la cruz.
Horcas que exhiben el esplendor amarillento
y glauco de calderos que hechizan la monotonía.

V
Baja el telón del universo: se despide.
No me urge el antídoto que me inculcas,
sólo necesito errar al viento de ánforas,
a dórico mundo para recoger de las alfombras
bocanadas de oxígeno y pintar en los ojos
de la urbe, una Uve que delate el dólar.

8 de diciembre de 2010

Nunca supe hablar...

Nunca supe hablar
de las tres vueltas de tuerca,
ni de las helípticas formas
de los tiempos que me rodean.
Nunca supe reparar un violín
y no enredarle los sonidos;
no entendí bailar en el agua.
Aun menos intenté levitar
en el hediondo y flojo cuadro
torcido de las tinieblas desabridas.
Probé a zafarme de los golpes tornado,
de la endémica pandemia moda;
algún éxito de mendicidad cándida
tuve, sin tener que cortar ojos.
No he sabido (ni sé) ver
los colores del imperio de cristal
que tiene los cielos rosas
y las leyes son unicornios y centellas.
No tengo un bisturí de poeta
para rayar los pétalos y los aromas,
para sustraer los hígados de versos livianos,
lícitos, en un callejón bucólico.
Carezco, soy abstemio de paraisos
en sótanos cochambrosos, ominosos,
desastrosos, apestosos, infecciosos...

7 de diciembre de 2010

Olvidé las simetrías...

Olvidé las simetrías
y los sabores hipocondríacos
bajo lluvia de rayos,
sobre el mar tigre, a rayas;
ahora, tullidos, descansan
los besos, exhaustos, tuyos y míos,
en el lecho de lápida,
donde la soledad abre grietas
y pasean con rifles
por la cuerda  floja.

4 de diciembre de 2010

La quiero...

...porque me besa con fuego de Marte,
y abrazo su efigie de océano venusino;
porque su ira fecunda con la belleza
y en sus ojos quema dos imperios romanos;
porque es cariátide helena y ensoñación dadivosa,
ninfa de encono, gata sobre un tejado
en el páramo copérnico de la noche;
porque sólo agarrándome a los hilos
que destila de sus besos cincelados,
a los labios que desabren espadas de mil ojos,
soy mácara en un harén de sonrisas;
porque aunque airada pruebe a eximirse
de su sombra, sus lágrimas hablan: "abrázame";
porque es metal de rebeldía, un cielo desordenado;
porque su muralla égida no decapita,
por lo melifluo, lo autoritario, lo meticuloso;
porque es musa de la cítara y el silencio:
la quiero.

3 de diciembre de 2010

Me entrego

Tengo a mi vida secuestrada
en el punto de mira,
maniatada, amordazada y un pincel
que besa de negro olvido.
La magia está en el arte de olvidar
las cruces y escurrirte entre la maleza;
pero, ¿en qué dolor me he convertido?
¿En qué pozo, en qué alcantarillas
enturbié mis deseos de volar?
¿Cuándo me sentí no superior,
aunque sí diferente a bloque de hormigón?
No sé qué me hizo pantera,
¿haberte conocido o haberte perdido?
¿Mi escudo es de derrotas
o forjé mi arrogancia en los vítores?
¿Sería capaz de volverme a enamorar?
¿Volvería a ser hombre de armas
remando contra el mundo en la galera?

Las manos en alto, despacio.
Me entrego, ya alegaré cualquier cosa.

2 de diciembre de 2010

Yo antes no...


Yo no quise caer al embrujo
de los gatos, él me pudo;
ella ganó la batalla por jugar en casa.
Fue magulladura felina, rasgo,
tacto que eriza hasta la ausencia.
Yo nunca había robado botines,
ni había escrito versos de noches altaneras,
versos marineros con los músculos tatuados
por la hiel de la sal y las gaviotas
(que ya nunca picarán en popa);
por arrancarlos de su mar. Nunca.
Yo antes no era más feliz
aunque siempre me lo creí;
no sabía ver las palabras
que mordían a la velocidad de la luz
los cabellos de Aquiles.
Ella volvió a ganar, otra vez.
Yo no quise estar en las antípodas
grabando con vodka o licor de rayo
nuestra huella felina en la arena,
bebiéndome el sol oceánico
en una copa de sus labios.
No sabía ni perder ni ganar,
empecé a sembrar mis derrotas
y mis triunfos en el lecho de su patria.
Jamás ansié sólo el chocolate negro
de la noche que escarba rozagante,
ni toqué el terciopelo de su comisura;
no vi antes el sádico mundo azul,
luego ardiendo, luego azul, luego en llamas...
ella me enseñó a quemarme
y a ser Fénix de las memorias.
Yo no quise desenfundar la espada,
robarle la Luna y retar al Sol
a un duelo de aceros blandidos.
¿Qué espada, en qué noche, qué duelo?
Yo, antes, no sabía beberme sus ojos
y aprendí a pedir auxilio sin voz.
Yo, ya hace no sé cuánto,
ni quise, ni era feliz, ni sabía,
ni existía, ni tampoco soñé;

entonces, apareció ella.

Sin ser cínico

Mi canción se masca
bajo una marquesina de diamantes
de alquitrán.
La tragedia no lleva antifaz romántico
en el círculo estigio,
aunque los rostros se le disuelven.
Cuánto cosmopolita de papel en el edén,
cuánto pétalo en el cubo de la basura
y tantos platillos voladores
que desheredan la cocina.
Hay una saeta de marfil
esperando en el trono a su dueño;
se aburre de tanto agurdar
un leve movimiento.
En el olimpo no suenan campanas
y hasta las víboras del camino saben
que la playa se desvanece con el frío.
Se detiene la diástole de las olas,
luego, llueven flechas de arcoiris.
Es difícil reanudar el propósito
sin esmirlarse las puntas de pereza.

1 de diciembre de 2010

Ella no lo querría.

Ya no pinta estrellas de mar
en el tapiz de este acuario de lobos,
ni en las fauces de la guerra sin armas,
ni en azañas de pergaminos raídos.
Después la noche, se le despliega,
como la lluvia, entre su tímido cuerpo,
fantaseando con haber sido metáfora,
o símil de los labios que absorven fuego.

Tres molinos de viento,
y dos gigantes de ojalata podrida
antes de sus labios.
Un foso de caimanes y un volcán,
dos Pompeyas y media elegía,
antes de abrir el cofre del beso.

Nada después de nada.

I
Estoy fumándome los dedos
y en la boca amargo el elixir del viento que huye,
del ayer que me persigue.

II
Alárgame más la trenza,
almenos que pueda ascender
mi orgullo a tu yugular;
déjame en el malmetido espacio
que nos arranca las facciones,
una porción para ungirme dolor.

III
Tengo millones de sueños,
nueve millones de sueños,
y en ninguno los látigos dejan de azotar tu nombre.
En ocho, somos sublimaciones
hetéreas de la palabra prohibida.

IV
Anduve tres horizontes
buscándote donde sólo eras niebla
y rocío.

V
Voy a quemarte un pedazo de cielo,
me da pena
tanto azul hundiéndose en tu pecho.

VI
Escondí fuera de la tierra
mis secretos.
He olvidado el nombre y la esquina,
aunque tú, eres llave maestra.

30 de noviembre de 2010

El valor de la camiseta.

Después del circo y el pan,
cuando baja la marea
y relucen a la vista los colmillos y los elefantes,
tras la hecatombe borreguil masiva,
los baños de gritos
y después de apagar el fuego del dragón blanco.
Reflexiono.
En el campo ni blanco ni negro.
Sólo una camiseta, un escudo, una condena.
Más cerca ando de encontrar la pócima
de la eterna juventud
que hallar la causa del por qué tantas diferencias
por la etnia de la camiseta.
Del limbo eufórico a la histeria,
del abrazo a la repulsión ingrata.
¿Acaso es un sentimiento paróxico,
o un viaje paradójico entre el dolor y el placer?
Yo no me enfundo en colores,
no me arropo ni desangro por banderas...
veo en blanco y negro
como las películas de hace muchos egos y noticias.
Así que, al término de los 90 minutos
más codiciados del año,
los que se han llevado más ojos y más palabras,
los de "lo olvido todo", los de la lágrima;
los de pararse cinco veces el corazón en cada capital,
después de adivinos, conjeturas, bolas de cristal
y colas de ratas diseccionadas,
sólo quedan las alegrías y las penas en las colillas,
debajo de las mesas, pisadas,
y se baja el telón: medio mundo ya es más feliz.

29 de noviembre de 2010

la verdad

La verdad no es la II Guerra Mundial,
sino sus ojos: azules, rojos, verdes,
presididos por el lloro, el peor de los llantos;
no de dolor, ni tampoco pena. Decepción.
La verdad no es el capitalismo, tampoco el comunismo,
ni el nuevo presidente
que se propone el máximo de lo mínimo;
sino el ahogo, la llama que arde en angustia,
la asfixia por "meter la pata" hasta el cuello
y ahogarse en las Bermudas de los fracasos.
La verdad no es alienable,se aprende como la Ética,
Es una alhaja, la recompensa interior,
no un pamfleto revolucionario o una manifestación activista.
La verdad que busco,
no es un poema ni un manifiesto existencial,
ni tampoco la escala cromática de valores;
sino la verdad que estaba en la arena,
la que colgaba de los besos acantilados,
la de las tardes en el ártico,
sentados entre osos polares y bloques de hielo,
sin rimbombantes suntuosidades
que hacen sangrar el hambre.
Sólo es un enigma, el interrogante,
la X de mi vida de la ecuación que no aprendí;
la que he extraviado
detrás de mi poca dignidad.

(Quizá la tenga ella, o la haya machacado ferozmente
contra las vías que exilian la alegría,
a 200km/h, destripada y moribunda, auxiliada en los recuerdos,
en algún lugar entre mi vergüenza y Valencia.)

28 de noviembre de 2010

He vuelto a nacer

I
Hoy he vuelto a nacer.
En el sofá de mi salón vorágine,
viendo la televisión de sueño mermado.
He vuelto a nacer.
En un fotograma tan prosáico,
rayano a lo depresivo y trivial,
he vuelto a nacer;
un poco más viejo, pobre,
incluso más feo, he nacido hoy, otra vez...

II
A mis diecinueve años,
de nuevo, expulsado al mundo,
hipnotizado, un blanco fácil,
la servilleta de papel usada en el suelo.
Volviendo al final del túnel, pero sin luz.
Desheredado, sin genes ni Darwin,
sólo con mi alma de lágrimas,
viendo las banderas en los tejados
opulentas, orgullosas, eufemismos del billete.

III
Ahora, estando nuevamente en el mundo,
sé que la vida es un contrato de aspiraciones.
Eres hijo de... puedes llegar a...
tienes tanto... consigues cuanto...
La vida es una mentira
que no se cree ni las paredes,
una condena dibujada en forma de rosas
en los hombros que soportan el yugo,
un futuro de dinosaurio. Petróleo.

IV
Me olvido de las conspiraciones centenarias,
de altos cargos vampíricos
y de las reuniones donde beben sangre plebeya.
Me olvido de respirar,
ser ameba entre la masa,
célula, fibra que no piensa en no pensar;
hormiga mediática en la suela de una bota,
colmillo de un tacón de aguja.

V
Hoy, que ya hace un rato que he nacido,
habiendo llorado mi pasado, mi otra vida,
envidio y ansio la elegancia poética del felino,
la simpleza de su caminar,
la tranquilidad de su gesto inmutable,
la facilidad, la gracia y gallardía
para escalar y encumbrar los muros
que ahogan mi primer día
que ya camina hacia la nocturnidad,
después de volver a nacer.

26 de noviembre de 2010

oda a lo repugnante

El desamparo cabalga en las pantallas,
se viste de rojo, desarraigado,
y absorve, al galope y a  lo lejos,
eso que ya nadie puede recordar.
¿Es carnívora la incultura?
Aluminosis en los cimientos de la moral
de los que aún creen en sus quimeras.
Mañana no será mejor,
seguramente él no se merece más
aunque todos se lo digan; eres lo que tienes.
¿Quién vende su alma al mejor postor?
La muerte te mira de frente,
y no ve sino telarañas, desolación...
te deja como fruto al sol, no se te lleva
del trastero de recuerdos ciudad.
Mientras todos abrís el agujero negro y la boca
sólo tenéis un símbolo de interrogación
que se ensaña en vuetro pecho desértico.
Aguardaréis impacientes, ratas, moscas,
que os digan lo que debéis hacer, obedecer, no pensar.
Mientras, sí, esperas la tierra prometida
sentado en tu nube de salón,
cabalga morbo, desamparo y la injusticia
hendiendo el prado de los verdes,
ya fundiéndose en el horizonte verde,
ahogado en agua tu verde, vuestro verde,
y su caballo se convierte en sonrisa malévola.
Tú ya has aprendido a no abrir la boca.

25 de noviembre de 2010

¿Cuándo?

¿Cuándo dejaré de odiarme?
¿Cuándo seré invisible a las dagas
que descosen la trenza de la suerte?
¿Cuándo será, que la ondulada muerte
en la intemperie no sea un recíproco
lamento de algodón?

¿Cuándo dejaré de sentir
que mi boca es la mecha, la deflagración,
y sus tristezas lacónicas son Hiroshima?

¿Cuándo escaparé de Troya?
¿Cuándo escupiré, al fin, otro vesaje de metal,
y las armas y los escudos yacerán
junto al silencio de una sombra?

¿Cuándo pisaré Ítaca, o la Luna?
sólo en el anillo de la concordia, me conformo.

¿Cuándo, la pérfida melancolía,
enredadera, serpiente o embrujo medieval,
dejará de cruzar la pantalla,
huirá de la luz, como huyen mis palabras severas,
evitará mis labios, como evito una disputa,
cuándo dejará que el dolor sea físico?
¿Cuándo podré abrir los ojos y despertar?

24 de noviembre de 2010

Sigo

Sigo sin vislumbrar la felicidad
en el cuerpo de una botella;
sin querer dormir en los humos
de una miscelánea que auna
las gracias tan prostituidas.
Sigo en mi filípica de soledad,
funambulista en la cuerda de mi soga.
Sigo estando entre las páginas
imbricadas de libros que no se abren,
en las imágenes de ojos que no miran.
Sigo, verticalmente, el día a día;
orgulloso, si cabe, de mi pureza,
de saber borrar las huellas
que pisaron el cieno, o las que erraron
en elegir otro punto cardinal.
También, de no ser un escualo
en un corral de ovejas masocas.
Sigo en mis diecinueve,
luego mis veinte, y sumando.
Sigo, más que todo, por mera obligación,
en el mar de mis naufragios,
en la carretera donde hablé con dos muertes,
sigo, bajo la luz de la ciudad repugnante.
Sigo, sigo, sigo... en el vacío,
en el universo ralo de su ausencia yerta.

23 de noviembre de 2010

E L L A

Es fácil ver en sus ojos desmembrados
la apabullante cascada cristalina,
perseguir las náyades y libélulas
que acompañan su pelo de ancla volátil.
No hay misterios, ni arcas de madera pirata,
en el afán de sorber el vino endulzado
que yace en la cuna de sus besos;
el licor que, tras dos centurias de hoplitas,
guarda en la misantropía de su cuerpo.
Sin ojos de desierto no puedes
encontrar el gato bailando en su silueta,
desgranar la noche en fotogramas de sonrisa
y afilarte las yemas de los dedos
preparando el tacto eléctrico...
Qué empresa de vértigo,
trepar hasta las alturas de su beneplácito,
lanzarse, sin cuerdas, al vacío de estatua,
hacer la autopsia a su jadeo.
Es difícil. Ella lo es. Yo lo soy.
Y tras las ramas que me arropan
de la noche de chocolate, 
en la circumbalación de su alcoba...
me enamoro de ella.

22 de noviembre de 2010

Soneto solo

Solo, sólo en esta ciudad minada
de nostalgia que evoca sueños rotos,
solo, regento cábalas de locos
si huyen luciérnagas de tu mirada.

Sólo en la dádiva de boca de hada,
tu boca, nace el fulgor donde broto.
Solo en la polis, mustio e ignoto
desdeño de mi soledad clavada.

Sólo siendo una treta en el destino,
solo, sin ambrosía, con simpleza,
baño mis besos. Tu beso divino,

se esconde abstracto entre la maleza,
las hojas, las lunas. Y en pergamino
escribo lo que mi soledad reza.

Noctámbulo

1
Aprendí a caminar
en la caligrafía de sus ojos.

2
El "todo al rojo"
que vive en los ímpetus y las paredes
es otro sinónimo del actual "carpe diem" futil.

No entiendo nada.

3
Copias narcisistas
y maniquíes barrocos
entre el gentío.

4
Los espejos toman forma de amigo,
según quién se mire en ellos.

5
Yo sólo estaría viviendo
en los confines de sus labios,
hasta perder las estrellas de vista
y olvidar el hedor de ser otro más o otro menos.

6
(Escribo por la inercia
del impulso de verla)

7
Aunque la crápula noche
amotine en la distancia los deseos,
aunque divague sin disfraz,
ni sin tres matices de sonrisa
para combinarlas con mi ropa;
me siento afortunado...

8
O es muy tarde, o el tiempo se ha desordenado.

Tendré que recoger los pedazos
de mi vida
y abandonarme al correr vertiginoso,
a morir en la liza del corazón


9
Yo sueño en blanco y negro.
Ella en dibujos policromados.

19 de noviembre de 2010

Vestigio

1
A punto de abrirse las puertas
del mañana en sus ojos.

Las telarañas abrazan la noche
mientras se oye de fondo un palpitar
que surca en mis sábanas vacías.

2
Se derriten en la cruz
de los sueños que reverberan,
los naufragios y mástiles que nos separan.

3
Esbozos polvorientos acarician
los suelos de mi mente,
y su cuerpo llora en páginas
y lágrimas de perlas.

4
La nada es basura.
El amor es espejo del alma.

5
En un torbellino desorientado,
sin color ni oleaje
armo las pupilas y me afilo los colmillos
para mirarte y rasgar
las esquinas de tu silueta.

6
Cayendo en espiral dilatada,
la noche en un agujero negro en deliquio.
Desdeño, vagabundeando, de la fortuna

Nocturno V

Paralelamente, las manos del olvido
se ensamblan en el valle
que aglutina las heridas del amor.

En medio del desierto azul,
embebecido y retozante por el levitar
tardío de los castillos
de tímida ausencia,
prodigo en diapositivas mis augurios.

He muerto, he vuelto a nacer
y me he ido tres veces seguidas,
dibujando en las paredes, la tristeza
que sale de las estanterías.

Eclipse de besos.

Soy la presa torpe
y fácil de devorar en las arenas movedizas
del letargo de hielo.

Anécdota

Dos señoras, de faz semejante a un bull dog cabreado, charlan cuchicheantes sobre los grandes problemas que abarca la sanidad pública. Me quedo atónito al ver la mutación anatómica que ha sufrido una de ellas; en la zona donde los humanos enlazan su cabeza con el cuerpo (cuello) ella tiene una espécie de robustez indeformable que oprime su gesto. La presión que ejerce, de abajo hacia arriba, propicia que los ojos de la mujer, de ya entrada edad, estén a punto de salpicarse al exterior.
Así pues, en la sala de espera de un centro de asistencia primaria, aguardamos, yo, las señoras malhumoradas y otros usuarios, la ansiosa llamada del médico que nos invita a confesarle nuestros males. Sólo turba la expresión esculpida en la cara de las dos amigas a un esperpento de sonrisa, el llanto desconsolado de un niño (o niña, ya que a tan temprana edad no se distingue a simple vista). Los gritos sórdidos del niño (o niña) propician un atisbo de alegría vil en el rostro de las señoras.
Anonadado aún por la escena, pensad que yo siempre había oído eso del instinto maternal... sigo con mi pose de desinterés pero sin perderme ni un instante de lo que ocurre, ora jugando con el móbil, ora leyendo el "Diario Médico" (que se arrastra desde Septiembre por ahí), en definitiva: metido ya en el papel de espía. (¡Oh no, películas americanas me habéis destrozado la vida, siempre buscando embrollos y secretismos en las simples y llanas honradas vidas de la gente!) Sumido en un profundo análisis de la situación, de los movimientos y las expresiones de las señoras, como si de un momento a otro fueran a sublevarse a quitarse las mácaras y los disfraces y protagonizaran una masacre de la cual sólo yo, por mi avidez y astucia, pudiera salvarme, erro. Me descubren, y las dos con un vesaje aterrador avalanzan hábiles sus miradas hacia mí. Me esfuerzo al máximo para hacerles creer lo que no es, pero seguramente ellas han visto más películas que yo, sumándole programas del corazón y telenovelas que ya se puede considerar entrenamiento especial intensivo, y no me quitan ojo de encima. Mi capacidad de interpretación, vista desde fuera es excelente, concentrado en mi teléfono quién puede pensar nada malo de mí, pero la intimidación de sus miradas clavadas como dos tenedores es difícil de conllevar. Justo en ese momento, se abre la puerta de la consulta y sin saber si era su turno, antes de que la doctora pueda mediar palabras con nadie, ya están dentro de la consulta. Mientras espero mi turno, ya aliviado, me entretengo en mirar la gente que, como yo, espera el momento de vomitar sus males, como un torrente feroz.
El tiempo pasa, y las mujeres no salen de la consulta. ¿Habrán puesto en marcha su plan desde dentro?¿Se estarán comiendo a la pobre doctora?¿No tendré turno y tendré que volver a pedir hora de visita y volver otro día? Ésta última es la que más me aterra, y cuando ya tenía avistado otro personaje sobre quién aplicar mi análisis, sonrientes, alegres salen por la puerta las dos señoras acompañadas por la doctora y se van, no sin antes dedicarme una mirada de desprecio como si fuera un paria, mientras que una de ellas se enrolla un pañuelo al rededor de su ¿cuello?¿alien?
Por fin es mi turno, entro en la consulta, y después de una amena charla con la doctora, quién me invita a irme al psicólogo, salgo y me voy para mi casa, no habiendo antes pasado por la farmacia.

*Quién haya tenido la voluntad y la paciencia de leer esto seguramente me odiará, pero tenía ganas de escribirlo.

18 de noviembre de 2010

Soneto

¿Quién es la cariátide que domina
con garzo mirar y tono holístico,
amazona del mundo helenístico
que azarosa el porvenir vaticina?

¿Quién es ella, con alma peregrina,
prosopopeya de un beso místico,
con esbeltez  rayana a lo artístico
y tacto que dientes y sueño afina?

¿Quién es, un absurdo sueño o grandeza,
rescoldo frío o sombra de belcebú,
artificio o sólo naturaleza?

¿En qué erótica alquimia sin tabú,
en qué sexo abandona la cabeza?
-¿Quién soy?- me pregunta, yo respondo- Tú.

Delirio

Las imágenes se suceden
en este dintel abierto al mar
de recuerdos y acuciados presagios,
nuevos augurios y sensaciones
que se enclaustran
entre los rayos desenfocados
de una moribunda pasión recoleta.
Caras felices, mendaces,
que denotan un llanto oprimido
que vive agonizando
en el cáustico oleaje de tu pecho.
El amor agraz,
crudo, desdeñado y absorto,
entumecido e intentando renacer
a cada nuevo lunes de plegarias,
es una falacia dormida.
La noche rueda en una vorágine ciclópea,
se apea en los rincones desiertos
de tus sábanas frías por la ausencia,
la soledad y el silencio del abandono;
y sólo entonces, y ni siquiera ahora,
quieres morir.
¿qué estimas tanto?

Nocturno III

1
Pereciendo en la yacija
de mis no actos e intentos fallidos,
bebí la cicuta de su labios.

2
La noche estrellada:
un soneto de amor,
un beso que no se atraganta
y un mar vesánico sin aristas entumecidas.

3
¿Qué tumor o palabra maldita
escupes en el lienzo de tu ensueño?

4
Hay sólo un instante,
efímero e insípido,
en que parece que la noche de perlas
brille con el mismo dolor fatuo;
que se pare un milisegundo.
Y ahora mismo reposo mis retinas sobre él.

5
Sé que ella es feliz así,
y yo soy frío y cristal, y lloro...

6
También sé que me quiere.
pero no quiero dibujar el ridículo deseperado
en cartas a mi alma.

7
Que desencanto nubil
se enmascara, cual cielo sonrojado,
si cristalizas las derrotas.

8
No salvaré el mundo -ni mi vida-
con mis versos de plata.

9
Prefiero morir en el ácido sabor
del limón de su lengua,
que envidiar
la falsa y tórrida imagen patética
del te quiero porque me quieres.

10
Siendo zafio, bajuno y rancio,
aun escribiendo dragones y vikingos,
la querré, la quiero, la quería.

Nocturno IV

1
La torre desde donde
avistaba las conquistas y las inmersiones
en inhóspitos recovecos,
sucumbe a la gravedad jocosa.

2
Esas dos señoras bull dog
aún me aterran en el recuerdo.

3
El rey de mi gozo ha abdicado.
¡Adios!
Y en la manos,
el premio de poderlas
intrducir en los bolsillos
y paliar el frío.

4
Los pájaros de fuego
mitigan la existencia derrengada
en un vuelo paradigmático.
Ideas soliviantadas.

5
En los confines más estrambóticos
de la dicotomía del amor,
tus ojos de primavera
cuelgan
sobre el espejo de la madrugada.

6
La noche de hoy es para el llanto,
para encarcelarte
en un cubo de Rubik desordenado.

7
Me están echando
de la tierra los prejuicios.

8
La silueta noctámbula
traza el dédalo urbano
que converge en tus labios...

9
El interrogante y su sigilo sepulcral,
seguridad soberana,
ojos de arcoiris y pose gallarda.

10
El gato concluye el telón
de la noche.